Por HERMANN TERTSCH
El País, Estocolmo,
29.01.2000
El Foro Internacional sobre el Holocausto concluyó ayer en
Estocolmo bajo la convicción general de que ha sido un hito en la cooperación
internacional en contra de las nuevas amenazas a la democracia y la dignidad
humana como son el nazismo, el antisemitismo y la xenofobia. La conferencia,
que cuando fue convocada en su día por el primer ministro sueco, Göran Persson,
fue tachada por muchos como el proyecto de un nuevo cenáculo de historiadores e
intelectuales sin repercusión alguna, ha sido, por la masiva presencia de jefes
de Estado y de Gobierno, por las autoridades llegadas de todo el mundo y por la
claridad de los planteamientos expuestos, el primer gran acto de movilización
contra el neonazismo en todas sus formas. El silencio sobre el holocausto o la
indiferencia respecto al mismo han sido, como se ha demostrado en la última
década en Suecia y en muchos otros países europeos, como el caldo de cultivo
para la reactivación y regeneración de la ideología nazi y el racismo en
general. La lucha contra la indiferencia, contra esa cómoda o cobarde
neutralidad entre verdugo y víctima, es la clave en la defensa de la democracia
y la dignidad humana de todos y cada uno, según resaltaron la mayoría de los
jefes de Estado y de Gobierno y los supervivientes, con el premio Nobel Elie
Wiesel a la cabeza.
Las modernas tecnologías ofrecen nuevas formas de diseminar
la cultura del odio, la intolerancia y la violencia, y las sociedades
democráticas han de coordinar su lucha contra estos fenómenos. Así, el
vicepresidente del Consejo Judío de Alemania, Michel Friedmann, pidió una
homologación de las leyes que prohíben la difamación de las víctimas del
holocausto, cuya máxima forma de expresión es la propia negación de la
existencia de los campos de exterminio. Mientras en Austria, Alemania y Francia
están prohibidas como agitación al odio estas manifestaciones, no ocurre lo
mismo en otros países, que, como Suecia, Dinamarca o Estados Unidos, se han
convertido en plataformas para la distribución por correo, y más recientemente
por Internet, de la propaganda nazi. Internet en especial ha facilitado una
creciente coordinación de los grupos nazis en todo el mundo. Por lo demás, se
ha notado una espectacular mejora en la disposición a abrir archivos y cooperar
en el estudio y en la lucha contra el nazismo en todo el mundo. Salvo patéticas
excepciones, como la del presidente lituano, Andrius Kubilius, que negó la
existencia de antisemitismo en su país, uno de los que generó más voluntarios a
participar en el genocidio, la inmensa mayoría ofreció plena colaboración, como
el nuevo presidente argentino, Fernando de la Rúa, que anunció la apertura
plena de todos los archivos para desvelar las conexiones y el paradero de los
centenares de nazis que encontraron refugio en su país. El Foro, que tendrá
continuidad en una conferencia anual sobre humanidad y conciencia en la capital
sueca, podría pronto convertirse en un punto de inflexión en el que la
comunidad internacional pasó de ocultar sus vergüenzas a la movilización de la
memoria en favor de la dignidad humana y la democracia.
Las resoluciones del Foro del Holocausto se pueden leer en
www.elpais.es/p/d/ 20000129/internac/texto.htm
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