Por HERMANN
TERTSCH / JOSÉ M. MARTI FONT
El País, Berlín,
02.07.90
UN SOLO MARCO PARA UNA SOLA ALEMANIA
Una multitud de berlineses orientales, olvidando el orden
que se atribuyó durante décadas a los ciudadanos de la República Democrática
Alemana (RDA), se abalanzó al interior del único banco que abrió sus puertas la
medianoche del sábado, la hora H de la unión monetaria, económica y social de
Alemania, que se vivió como una fiesta. Estaban impacientes por cambiar sus
moribundos marcos por los poderosos de la República Federal de Alemania (RFA),
y tener acceso así a un nuevo mundo de consumo. De milagro no hubo heridos,
sólo cristales rotos.
La unión de Alemania se hizo en un ambiente de fiesta.
"Ya somos el mismo país", declaraba un joven tras retirar sus
primeros marcos occidentales. Con entusiasmo y fascinación, millones de
alemanes orientales acudieron a los bancos para consumar su ingreso en el
espacio económico unificado. Tan sólo 234 días después de la caída del muro de
Berlín y de la apertura de la frontera interalemana, se dio el primer y
principal paso hacia la unificación. La fiesta se celebró con conciencia
generalizada de su importancia histórica irreversible para Alemania y Europa. "Ya
estamos unidos de forma indisoluble", manifestó el canciller de la RFA,
Helmut Kohl, "por una moneda común y una economía social de mercado, y
pronto en un Estado único y libre". Kohl llamó a los alemanes occidentales
a la solidaridad con los orientales para que rinda frutos la unidad
monetaria. Éstos, recordó, "han sido castigados por cuatro décadas
de dictadura comunista y merecen esta solidaridad".
Todos los temores e incertidumbres ante un futuro incierto
se evaporaron en un ambiente de euforia. Como el ya histórico 9 de noviembre
del pasado año, cuando cayó el muro de Berlín, se enterraba definitivamente una
de las más pesadas herencias de 40 años de comunismo.
Por primera vez en la vida para la mayoría de los alemanes
orientales, se sintieron cíudadanos alemanes unidos a sus compatriotas por un
símbolo común tan respetado y adorado como es el marco. Si tras la caída del
muro se veían obligados a recurrir al dinero que les regalaba el Estado
occidental, ayer canjeaban su dinero accediendo así, como muchos señalaban, a
la "plena ciudadanía".
La fiesta empezó el primer minuto de la "gran
jornada", como la calificaban incesantemente la radio y televisión. A
medianoche, la sucursal del Deutsche Bank en la Alexanderplatz berlinesa abrió
sus puertas a más de 10.000 personas. A últimas horas de la noche del sábado,
miles de berlineses se habían ido concentrando frente a la puerta de la
sucursal instalada por el principal banco de la República Federal de Alemania
en una de las más significativas plazas de la antigua capital prusiana.
BERIÍN ES YA DEFINITIVAMENTE UNA SOLA CIUDAD
El primero en recibir su
dinero ayer, al abrirse los bancos en la jornada en que se inauguró la
unificación económica alemana, fue Hans-Joachim Carsalli, que retiró 2.000
marcos y obtuvo como regalo otros 100 y un ramo de flores. Este afortunado
ciudadano aseguró que quería el dinero para pagarse unas vacaciones. Durante
toda la noche, la fiesta siguió en todo Berlín. La desaparición oficial de los
controles fronterizos, aunque ya hace varios días que de hecho no existen, se
celebró en el paso de la Friedrichstrasse, donde antes se hallaba el célebre
Checkpoint Charlie, con un brindis generalizado entre policías de las dos
partes de la ciudad. Mucha gente aprovechó para hacerse sellar el pasaporte por
última vez, mientras los fuegos artificiales iluminaban lo que en otro tiempo
era un lúgubre símbolo de la división de Europa.
Además de la desaparición total de los controles
fronterizos, ayer se abrieron también las líneas de metro que habían quedado
bloqueadas y cerradas desde la construcción del muro, en 1961. Los dos alcaldes
de Berlín acudieron a la estación de Alexanderplatz para recibir al primero de
los convoyes que llegaba desde la parte occidental de la ciudad. Pese a las
numerosas obras y atascos, Berlín es ahora ya, definitivamente, de nuevo una
sola ciudad.
Sin aglomeraciones notables
El resto de las sucursales bancarias abrieron sus puertas
ayer, a las nueve de la mañana, y permanecieron en servicio hasta las nueve de
la noche. A lo largo del día no podían apreciarse aglomeraciones notables en
ninguna de ellas. La mayoría de los comercios no abrirán hasta hoy, si bien
ayer, en los restaurantes y en los bares de Berlín Oriental, los pagos se
hacían ya en marcos occidentales.
Curiosamente, en el mercado libre se seguían ayer vendiendo
los viejos marcos de la RDA al cambio de uno a tres. Hasta el día 6, los
alemanes orientales pueden todavía ingresar su vieja moneda, que les será cambiada
a una proporción mucho más ventajosa.
Ayer, los alemanes orientales no querían plantearse el
incierto futuro que les espera y que, según cálculos del Gobierno de Bonn,
podría concretarse en más de dos millones de desempleados en el plazo de un
año. Algunos, sin embargo, como el joven citado al principio, reconocían que,
pese a ser ya un mismo país, los alemanes orientales "aún no somos
iguales".
La resistencia al cambio, de todos modos, no consiguió
congregar ayer a más de una cincuentena de jóvenes en la avenida de Unter den
Linden para protestar contra la "anexión incondicional" que
consideran es el proceso de unificación.
Numerosos políticos de las dos Alemanias aprovecharon el día
de ayer para dejarse ver por sus futuros votantes acudiendo a entrevistas en
televisión, radio y fiestas varias en distintos lugares de la RDA. La actividad
política no descendió, pese a lo significativo de la jornada.
En el seno de la coalición conservadora que ganó las
elecciones apadrinada por el canciller Helmut Kohl, los corrimientos de tierras
han sido notables durante todo el fin de semana.
El partido de Kohl
El partido del actual ministro de Desarme y Defensa, Rainer
Eppelmann, Despertar Democrático (DA), una de las pocas formaciones nacidas en
la revolución de otoño, que mal que bien, y pese al escándalo de su primer
presidente, Wolfgang Schnurr -que resultó ser confidente de la policía
política- anunció su integración en la Unión Cristiana Democrática (CDU).
En el seno del otro de los tres partidos conservadores, la
Unión Social Alemana (DSU), apadrinada por los conservadores bávaros de la
Unión Social Cristiana (CSU), se produjo la salida del partido del actual
ministro del Interior, el polémico Peter Michael Distel.
En el congreso de la DSU, al que asistió como protagonista,
el ministro de Hacienda, Theo Waigel, el hombre fuerte de la CSU, se pudieron
apreciar las primeras tensiones de la lucha de este partido por hacerse con un
espacio más allá de su feudo de Baviera.
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