Por HERMANN
TERTSCH / JOSÉ M. MARTI FONT
El País, Berlín,
02.07.90
No fue la de ayer una jornada silenciosa. Berlín parecía el
escenario de una película de policías y ladrones, si bien, que se sepa, estos
últimos no hicieron acto de presencia. Furgonetas blindadas cruzaban las
avenidas de la vieja capital del Reich a gran velocidad escoltadas por coches
de policía que hacían ulular sus sirenas a todo volumen. El dinero se acababa en
las sucursales bancarias y los encargados de llevar a cabo la gran operación
del cambio de moneda corrían a suministrar nuevos billetes a los clientes que
pacientemente hacían cola. Tan sólo poco antes de las cinco de la tarde la
capital quedó desierta y en absoluto silencio. Los berlineses se retiraron a
ver el partido de fútbol de "su selección", la única que ya
representa tanto a unos como a otros.
Los grandes beneficiados prácticos de esta operación han
sido los dos grandes bancos de la República Federal de Alemania, el Deutsche
Bank y el Dresdner Bank, que se repartieron casi al 50% las más de 200 oficinas
del antiguo banco oficial de la República Democrática Alemana.
No todo el dinero que se entregó ayer provenía del
Bundesbank, el banco central de la RFA, sino que la banca privada occidental
adelantó parte de los fondos. La operación de ayer va a significar a estas
instituciones la apertura de numerosísimas cuentas corrientes.
La radio de la RDA, ya salpicada de publicidad occidental,
daba ayer consejos sobre protección al consumidor para evitar que los alemanes
orientales sucumbieran ante su falta de experiencia de poseer dinero con valor
real. Empresas de seguros, bancos, intermediarios y gestores compiten con las
grandes compañías de artículos de consumo. También las agencias de viajes.
Preguntada una señora en la cola, ante un banco, sobre el destino del dinero
que iba a recibir, señaló: "Primero, para irme de veraneo a España, y el
resto para ahorrar".
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