Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Berlín
El País Martes,
03.07.90
EL VÉRTIGO DE LA UNIFICACIÓN
El ex dirigente comunista sigue los cambios de la RDA a
través de la radio y la televisión
"¿Qué estará pensando Honecker al ver todo
esto?". Pocos alemanes orientales tuvieron como Ralf, un joven estudiante,
un mínimo recuerdo para el anciano al que durante casi dos décadas se aduló por
obligación o celo interesado. El derribado dirigente comunista, recibido hace
algo más de un año con honores militares en Bonn por el canciller Helmut Kohl,
ha sido denunciado por asesinato por la Fiscalía General de la RDA, el Estado
que dirigió.
La descomposición del sueño por el que murieron, mataron y
reprimieron los comunistas alemanes está provocando escenas que deben ser
difíciles de soportar para un Honecker enfermo pero plenamente lúcido, aferrado
a la radio y a la televisión. "Nuestra obra vital se ha desmoronado",
dijo su compañero Horst Sindermann una semana antes de morir. Carnés de miembros
del otrora sacrosanto Partido Socialista Unificado (SED), banderas de honor a
brigadas voluntarias, medallas al "guardia fronterizo del año" y de
"combatiente ideológico ideal" se venden y subastan ya a turistas
occidentales frente a la Puerta de Brandenburgo y en otras esquinas de Berlín.
La vida volvió ayer a una normalidad insólita. A las
seis de la mañana abrieron los quioscos en Berlín Este y los trabajadores del
primer relevo gastaron sus codiciados marcos en los diarios y bocadillos.
Ocurre que éstos cuestan desde ya dos o tres veces el precio
de hace tan sólo dos días. El pan subvencionado, que no había aumentado su
precio desde los años sesenta, se utilizaba en la RDA para alimentar a los
cerdos en uno de tantos disparates que había sido institucionalizado por el llamado socialismo real.
Esto al menos se ha acabado con los nuevos precios que
comenzaron ayer a ser tan reales como el dinero que se solicita a cambio de los
productos.
Dinero irreal
El dinero irreal, con los rostros de Marx y
Engels, desaparecerá en minas de sal y hornos. Miles de monedas de marcos
orientales, ya inservibles, surcaron los aires y resonaron en las pistas de
baile de discotecas en que los alemanes orientales, ebrios de alcohol y
occidentalismo, celebraron su ingreso -al menos oficial- en el club de los
europeos ricos.
La intervención de cuatro policías en el Alexanderplatz para
expulsar de allí a dos gitanas rumanas que vendían unos radiocasetes fue
apoyada por comentarios de alemanes orientales como "eso, fuera de aquí
esta bazofia". Es improbable que se refirieran a los aparatos de música.
"Por supuesto que ahora intentarán venir más que antes porque tenemos una
moneda buena. Hay que impedírselo porque dejan todo lleno de mierda".
Estos comentarios proceden de una mujer de media edad en Berlín Este y se
refieren a los polacos. En octubre, los Intelectuales y la oposición gritaban
en la ciudad de Leipzig todos los lunes la palabra "Solidarnosc"
(Solidaridad) para identificarse con la lucha de los polacos contra la
dictadura. Ahora, los polacos tendrán difícil su estancia e incluso el paso.
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