Por HERMANN TERTSCH
El País, Santander,
05.07.90
Las confesiones de un comunista honrado sobre Honecker y sus
antiguos camaradas
"Ira, mucha ira, pero también compasión y bastante
desprecio". Hans Modrow, ex jefe del partido comunista (SED) de la
República Democrática Alemana (RDA) en Dresde, antiguo primer ministro,
presidente de un partido comunista hoy llamado del Socialismo Democrático, gran
protagonista y víctima del arrollador proceso de reunificación alemana, ha
explicado a este periódico en Santander los sentimientos que le infunden sus
antiguos camaradas.
"Cuando mis amigos o conocidos se suicidan, como en
abril el ministro de la Vivienda, Wolfgang Junker, no me basta con la ira.
Siento también compasión por las vidas que se sienten fracasadas, por tantos
proyectos vitales que se han ido al traste. Esta frustración nos aqueja a
millones en todo el este de Europa y la Unión Soviética. Estamos luchando todos
con nuestro pasado para que no nos aplaste nuestra identidad". En una larga
conversación de más de cuatro horas con EL PAÍS, Hans Modrow, que se encuentra
en Santander invitado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, habló
menos sobre el futuro de Alemania que de su pasado y los sentimientos que
despiertan en él este vertiginoso desmoronamiento de la ideología a la que
dedicó su vida. Amargura por el pasado, temor por sus consecuencias en el
futuro y esperanza como abuelo de tres nietos son los sentimientos que dominan
en este verano de 1990 a este hombre íntegro y comunista honrado.
Modrow es el único político de la RDA que ha visitado a
Erich Honecker después de las elecciones. Él, que había sido desplazado a
provincias por Honecker, fue a la cama del enfermo, habló con el líder caído y
vilipendiado por todos y dispuso su traslado al cuartel militar soviético en el
que se encuentra ahora. El presidente soviético Mijaíl Gorbachov le había
sugerido telefónicamente a Modrow un exilio de Honecker en la URSS.
Honecker no tiene los sentimientos de culpabilidad que
acosan a Modrow. "Piensa que la culpa de todo es de Gorbachov. Que él ha
liquidado un proceso comunista que, pese a todas las dificultades, podía haber seguido adelante. Está, además,
convencido de su inocencia en todas las acusaciones sobre corrupción. No se
separa de un maletín donde cree llevar todas las pruebas y recibos",
afirma Modrow.
"No puedo condenar a la gente por atacarnos", dice
Modrow. "Comprendo que a mí no me juzguen por los últimos años, sino por
todo mi pasado como comunista. Yo me comprometí con el sistema hace ya muchas
décadas. Ya entonces estábamos equivocados. El pasado es un gran lastre, no ya
político, sino humano, y yo lucho todos los días con todas estas sensaciones,
ira, compasión y desprecio. Sólo nos podemos ayudar con un proyecto de
futuro".
Modrow siente una profunda amargura por lo que se ha hecho
en nombre de la ideología que desde la adolescencia consideró como el más noble
ideal para la humanidad. Posiblemente en las elecciones generales alemanas del
2 de diciembre su partido no logre representación parlamentaria. "Me
jubilaré, supongo".
Tiene 63 años y no va a mendigar en ninguna revista
occidental para publicar sus intimidades como sus camaradas Egon Krenz o
Günther Schabowski. Tampoco utilizará sus contactos para ingresar en la
vanguardia de los gestores del capitalismo en la RDA. Su felicidad son sus dos
hijas y sus tres nietos y el reconocimiento de una honestidad no mancillada
siquiera por el trato con mafiosos del poder.
Modrow parece la antítesis del canciller federal alemán,
Helmut Kohl. Es un político reflexivo, casi introspectivo y en pugna permanente
por conjugar las necesidades y posibilidades políticas con sus creencias
morales.
LA CONCIENCIA LUTERANA DE UN ATEO
Hans Modrow, pese a declararse ateo, confiesa mantener una
lucha de rigor luterano con su conciencia. Su tolerancia hacia los demás le
convierte en un ejemplo extraño de señorío y generosidad en momentos en que sus
otrora poderosos camaradas intentan presentar su ped¡grí de disidentes
y conseguir algún contrato con una empresa occidental para compensar el
hundimiento de una vejez que hace tan sólo ocho meses parecía asegurada. Modrow
es demasiado honesto consigo mismo y con sus compatriotas como para realizar
los ejercicios acrobático-ideológicos que han hecho otros para adaptarse a los
nuevos tiempos. Fue uno de los pocos, si no el único, en el círculo del poder
que se enfrentó con Erich Honecker y sobre todo con el omnipotente Günther
Mittag.
Fue el gran talante moderador que evitó durante meses de
inmensa tensión que la sangre se derramara en el ambiente de odio y frustración
que se creó al final del anterior régimen en la República Democrática Alemana.
"Siento una gran amargura. Estuve cuatro años en
cautividad soviética después de que me hicieran prisionero a los 17 años. La
escuela ideológica me formó como comunista pese a que pertenecía a una familia
en la que el jefe, mi padre, era un marino muy fiel al partido
nacionalsocialista. En 1945, los aliados vieron con asombro que no había nazis
en una Alemania que se había volcado en apoyo a Hitler. Hoy parece que nunca
hubo colaboradores de Honecker. "Los alemanes no somos japoneses que
realizan actos de fidelidad tras la derrota", dice Modrow. Él, sin
embargo, tiene dignidad para ello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario