Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
11.07.90
ENTREVISTA
"Sólo la izquierda puede evitar la catástrofe en el
Este", asegura Imre Pozsgay. Fue la locomotora del cambio en Hungría. Aún
estaba Janos Kadar al frente del ahora desaparecido Partido Socialista Obrero
Húngaro (PSOH) cuando Pozsgay declaraba a EL PAÍS: "Caminamos hacia la
socialdemocracia". Aquella frase le podía haber supuesto el fin de su
carrera política. Dos años después, los objetivos principales de la estrategia
-"la transición pacífica, las elecciones libres y un Parlamento
legítimo"- se han cumplido.
Aquel "caminamos hacia la socialdemocracia" está
asumido por todos los ex comunistas que no han caído en la irrelevancia política.
Ahora Pozsgay pide solidaridad a la socialdemocracia occidental para un
proyecto de izquierda que, asegura, es el único antídoto contra demagogias
neocomunistas y fascistas. Con la apertura de su frontera hacia Occidente para
los refugiados alemanes orientales en agosto pasado, el Gobierno de Pozsgay dio
el impulso definitivo a la caída de las dictaduras comunistas en Europa
oriental.
Sus objetivos personales no se cumplieron. Su candidatura a
la presidencia de la república se frustró y el exiguo resultado de su partido,
el nuevo Partido Socialista Húngaro, lo alejó del Gobierno. Pero él está
convencido de que el PSH tiene un papel que cumplir en la nueva democracia,
acosada por graves problemas.
En conversación con EL PAÍS en Santander, donde intervino en
la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Pozsgay insiste en que Hungría y
toda la Europa central y oriental necesitan "un proyecto de izquierda en
el Parlamento como factor de estabilización del proceso de reformas y de
contención contra la demagogia social. Hay que ser consciente de que cualquier
desestabilización en Europa oriental es un paso hacia el desastre para todos.
Europa necesita una política anticatástrofe. La izquierda debe ser su
pilar".
Por ello llama a la Internacional Socialista aún con
reticencias a los contactos con fuerzas que tienen un pasado comunista a
cambiar de actitud.
"La izquierda ha tenido gran mérito en el
desmantelamiento del estalinismo", añade.
"El proyecto de izquierda", agrega, "es
imprescindible para que las graves consecuencias de la crisis no hagan surgir
nostalgias por el régimen comunista ni fuerzas de la extrema derecha. El
peligro está que se busquen soluciones similares a las de la época de
entreguerras".
En Hungría, según Pozsgay "el Gobierno va a ser pronto impotente
ante el problema económico. Esto exigirá un consenso nacional de las fuerzas
democráticas tanto en la política exterior, en la política de privatización
controlada y no salvaje y en la política del autogobierno local".
"Nosotros realizaremos una oposición de crítica
constructiva y hemos dado 100 días de plazo al Gobierno, pero esperamos
decisiones rápidas y que no pierdan el tiempo con disquisiciones legales. Nadie
pensó que la crisis económica fuera tan grave e inmediata".
Imre Pozsgay no se arrepiente de nada que no sea el no haber
comenzado antes la lucha por liquidar el sistema político en que creció.
"No se ha dictado aún la sentencia final sobre el kadarismo. Kadar fue un
dictador", asegura.
"Tiene grave culpa en la represión tras 1956. Por otro
lado, hizo actos de grandeza, como su esfuerzo por un compromiso histórico con
el pueblo húngaro", afirma.
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