Por HERMANN TERTSCH
El País, Budapest,
09.04.90
CITAS CON LAS URNAS
El Foro Democrático (MDF) logró ayer una arrolladora
victoria en la segunda ronda de las elecciones parlamentarias en Hungría. Una
coalición de centroderecha, entre el MDF y dos pequeños partidos, el
Cristianodemócrata Popular y los Pequeños Propietarios, formará previsiblemente
el primer Gobierno democrático de la Hungría poscomunista. Con práctica certeza
será el presidente del MDF, el historiador Jozsef Antall, de 58 años, el nuevo
primer ministro. "Ha ganado el pueblo húngaro", señaló Antall en una
primera declaración con un claro carácter nacionalista.
"Pese a que tengan otra nacionalidad, 16 millones
pertenecen a la nación húngara, nosotros nos hacemos responsables ante
ellos", agregó, en referencia a los seis millones de húngaros que viven fuera de las fronteras actuales del Estado. Hungría tiene diez millones de
habitantes. Antall se declaró dispuesto a formar un gobierno para sacar a
Hungría de la crisis. El líder del MDF se manifestó ayer partidario de la
coalición con los dos partidos citados, con los que ya acudía ayer en alianza
en las candidaturas de elección directa.
Con más del 40% de los votos y, salvo en Budapest, donde
hubo neta superioridad de los 176 candidatos de elección directa, el Foro
Democrático se ha impuesto claramente a la Alianza de Demócratas Libres (SzDSz)
que aún, albergaba esperanzas de convertirse en partido mayoritario y sólo
logró el 24,4%.
Brillante resultado
Dado el brillante resultado que se perfilaba para sus
candidatos, el MDF podría incluso permitirse renunciar a una alianza con el
Partido de Pequeños Propietarios y limitarse a pactar con los
cristianodemócratas. No obstante, la ingente labor de reestructuración
económica, industrial y administrativa que habrá de asumir el nuevo Gobierno,
con sus previsibles pero inevitables consecuencias sociales, hacen recomendable
un Gobierno con una amplia mayoría.
El SzDSz, es un partido liberal que aboga por una vía
radical de introducción de las leyes del mercado y la reprivatización en
Hungría, mientras paradójicamente el MDF -que se califica de partido de
centroderecha- insiste en una "vía controlada". Los dos grandes
rivales coinciden, sin embargo, en el objetivo de plena integración en Europa
occidental y un rápido desmantelamiento del sistema de economía centralizada y
estatalismo.
En la primera ronda, la diferencia entre ambos partidos
había sido mínima, con un 24,7% para el MDF y un 21% para el SzDSz. El Partido
Socialista, emanado del desaparecido partido comunista (PSOH) cedió tres
puntos, con relación a su resultado en la primera ronda, para situarse en un
muy modesto 8,7%. Solo logró un escaño de elección directa, el del presidente
de la República y uno de los más destacados reformistas. Sin embargo, un
representante suyo con tanto prestigio como el aún ministro de Asuntos Exteriores, Gyula Horn, no lo logró.
El Partido de los Pequeños Propietarios logró un 11,4% y el
Partido Cristianodemócrata Popular el 5,7%. Con ellos, el nuevo Gobierno
dirigido por Antall podrá contar con una muy sólida mayoría parlamentaria de
cerca del 60%, según los últimos resultados disponibles esta madrugada. La
Federación de Jóvenes Demócratas (Fidesz), aliado con el que el SzDSz quería
lograr una mayoría, sólo logró el 5,8% de los votos. El líder de SzDSz, Janos
Kis, manifestó que su partido, en colaboración con Fidesz, estará en una
oposición muy crítica al Gobierno de Antall que consideraba ayer ya un hecho.
Intensas lluvias y viento provocaron una fuerte caída de la
participación electoral que sólo alcanzó el 40% frente al 65% de la primera
ronda. No se produjeron incidentes y la jornada transcurrió en plena calma.
Sólo en la ciudad oriental de Debrecen, las autoridades locales protestaron
ante el consulado soviético por la aparición de guardias de tráfico militar del
Ejército Rojo en sus calles.
Tras esta intervención, el Ejército soviético suspendió
durante la jornada electoral su movimiento de tropas hacia la URSS en el marco
de la retirada de sus efectivos militares de territorio húngaro. Esta anécdota
sólo es una muestra del arraigo de la desconfianza hacia el aún aliado
soviético.
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