Por HERMANN TERTSCH
El País, Leipzig,
01.07.90
TRIBUNA
El gran experimento comienza hoy. Nunca un Estado tan
desarrollado y poderoso como la República Federal de Alemanía (RFA) se había
unido a uno tan podrido económicamente como la República Democrática Alemana
(RDA). En siete meses, la decisión gubernamental en Bonn y popular en Alemania
Oriental han llevado desde la división amurallada a la unión monetaria y
prácticamente social. La unión política llegará en cuestión de meses. La RDA
queda hoy despojada de su soberanía. Los conejillos de Indias en este gran
experimento son los ciudadanos alemanes orientales. De su malvivir protegido
bajo el tutelaje del Estado comunista son lanzados al más duro capitalismo sin
saber bien lo que éste es. La inmensa mayoría está convencida de que en cuatro
años vivirán tan bien como sus compatriotas occidentales. Otros piensan que
entran en una época de grandes incertidumbres y peligros.
Cuarenta años después de ser lanzados al experimento de forjar
una sociedad perfecta y un hombre nuevo, los alemanes orientales tienen que
reconvertir al nuevo hombre para crear una sociedad imperfecta pero al menos
viable. El padrinazgo y la financiación por parte de la RFA y la Comunidad
Europea harán más rápido el proceso de cambios que en el resto de países del
Este.
Esto quizá garantice el éxito pero agravará los sufrimientos
de la población más necesitada durante la transición. "No tenemos nada que
envidiarles", decía, el jueves pasado, el diario Noviny Lidove de
Checoslovaquia, el otro Estado ex socialista con grandes oportunidades de
recuperarse pronto de 40 años de gestión catastrófica, previendo que la
aventura a que se han lanzado los alemanes orientales va a tener un alto
precio. El entusiasmo de una población embriagada en sus necesidades de consumo
y la precipitación interesada del Gobierno de Helmut Kohl pueden tener amargas
consecuencias para muchos.
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