Por HERMANN TERTSCH
El País, Viena,
09.10.90
El canciller federal Franz Vranitzky, líder del Partido
Socialista (SPOE) y gran triunfador de las elecciones legislativas celebradas
el domingo en Austria, ofreció al Partido Popular la continuidad de la
coalición. Sin embargo, rechazó categóricamente un Gobierno de concentración
nacional, propuesto por el Partido Popular, y toda alianza con el Partido
Liberal, de tendencia derechista.
El jefe del Estado, Kurt Waldheim, recibió ayer a Vranitzky,
líder del partido más votado, para encomendarle la apertura de negociaciones
para formar Gobierno. Las cúpulas de todos los partidos se reunieron ayer para
estudiar un resultado absolutamente inesperado y que plantea serios
interrogantes sobre la formación del nuevo Gobierno. Las negociaciones para
establecer una nueva coalición serán largas, según se prevé en Viena, y todas
las opciones están abiertas. Aunque la continuidad de la coalición bajo
Vranitzky entre socialistas y populares es la hipótesis más probable, el pánico
que ha provocado en el Partido Popular la derrota puede provocar reacciones que
hagan difícil o incluso imposible esta salida. El SPOE, al que se auguraban
fuertes pérdidas, logró mantener su mayoría del 43% de los votos y ampliar en
un escaño su presencia parlamentaria. El éxito electoral de los socialistas es,
según coinciden todos los medios austriacos, un triunfo personal del canciller
Vranitzky, que con su popularidad logró evitar que numerosos escándalos
financieros de la dirección socialista tuvieran repercusiones electorales.
El gran perdedor
El gran perdedor de las elecciones fue el Partido Popular,
que perdió 9 puntos y 16 diputados y pasa a tener tan sólo el 32% de los votos.
La conmoción que provocó entre los democristianos este resultado, el peor que
cosecha el partido desde la fundación de la Segunda República tras la Segunda
Guerra Mundial, ha desatado ya los primeros conflictos internos sobre la oportunidad
de mantener la coalición con el Partido Socialista y relevar al máximo
dirigente, Josef Riegler. El Partido Liberal ha logrado casi doblar su presencia
parlamentaria, de 18 a 33 diputados.
El miedo a una invasión de refugiados de un Este
de Europa sumido en la catástrofe económica, la confusión desatada por el
hundimiento del orden europeo de la posguerra, que cuestiona directamente la
neutralidad austriaca, y la implicación de los dos partidos mayoritarios en el
entramado de corrupción y privilegios que se ha desarrollado en esta sociedad
proteccionista, han sido tres factores fundamentales para el éxito del FPOE.
Tras el inesperado resultado del domingo quedan todas las
opciones abiertas. Los partidarios en el OEVP de volver a la oposición por
temor a verse superados a medio plazo por los liberales se tendrán que
enfrentar a los grandes intereses existentes por su firme implantación en las
instituciones.
Los partidarios de continuar en coalición con los
socialistas deberán luchar contra el pánico que ya hoy produce la idea de una
nueva legislatura con un Partido Liberal en la oposición capitalizando todos
los problemas en la derecha del espectro político.
Ayer, el líder liberal, Jörg Haider se negó a descartar a EL
PAÍS la posibilidad de una alianza entre el OEVP y sus liberales, alegando que
consideraba casi segura la continuidad de la coalición
socialista-democristiana.
Haider se negó asimismo a tolerar un Gobierno socialista de
minoría parlamentaria. Una alianza entre Haider y los ahora derrotados democristianos
se enfrentaría a un líder, Vraniztky, de altísimo nivel de popularidad, y a un
partido, el socialista, contra el cual es difícilmente pensable pueda subsistir
un Gobierno austriaco. Ante las necesarias reformas políticas y económicas, con
el debate sobre integración en la Comunidad Europea en marcha y un vecino,
Yugoslavia, que puede pronto ser un escenario bélico, parece inconcebible el
gobernar en Austria contra los socialistas y los sindicatos.
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