Por HERMANN TERTSCH
El País, Praga,
10.06.90
"En los últimos 40 años, muchos checoslovacos han
cometido actos contra la moral; pero no debemos ser nosotros quienes los
juzguemos, sino alguna instancia más alta". Con estas palabras,
probablemente redactadas por el presidente Vaclav Havel, comenzaba ayer una
conferencia de prensa que liquidó políticamente a Jozef Bartoncik, uno de los
protagonistas de la transición checoslovaca. Los colegios no llevaban cerrados siquiera
un minuto cuando el asesor personal de Havel, Jiri Krizan; el viceministro del
Interior, Jan Ruml, y el fiscal general de la república checa, Pavel Rychetsky,
comparecieron ante la prensa en un gran salón del palacio del Hradshin de Praga
para confirmar lo que muchos ya consideraban una certeza.
Bartoncik, presidente del Partido Popular, vicepresidente
del Parlamento y presidente de la Cámara alta del mismo, no sólo había sido
confidente de la policía política comunista (StB), sino uno de sus más destacados
agentes pagados. Durante más de 17 años, desde el principio del periodo
de normalización que siguió al aplastamiento de la primavera de
Praga, Bartoncik había informado regular y activamente sobre las desviaciones
antisocialistas de sus compañeros en aquel partido condenado a ser un títere
del poder comunista.
Bartoncik no había sido sometido a chantaje, que se sepa,
pero escribía informes en los que recomendaba represalias, como despidos o
degradaciones laborales, para aquellos que formulaban críticas o reservas al
implacable régimen impuesto en 1970 por Gustav Husak, Milos Jakes y Vasil
Bilak.
En los últimos años, según ex miembros de la StB, los
informes de Bartoncik ganaron en importancia y eran remitidos directamente a
Jakes y a Alois Indra, otro de los cerebros del régimen neoestalinista. El
pasado día 5, Havel había hablado con Bartoncik, le había mostrado las pruebas
contra él y le había solicitado que desmintiera todo o se retirara de la vida
pública.
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