Por HERMANN TERTSCH
El País Domingo,
10.06.90
ENTREVISTA
Wojciech Jaruzelski, cree que su país puede vivir en paz
entre la URSS y la Alemania unificada
Fue durante años la persona más odiada por sus compatriotas
y blanco de los ataques más feroces del anticomunismo occidental en aquel
rebrote de la guerra fría que marcó el principio de la pasada década. Las gafas
oscuras que permanentemente lleva desde que, deportado en Siberia durante la
guerra, la nieve le quemara la vista y su rictus duro e inexpresivo le hacen
parecer una persona fría e implacable. En realidad, Wojciech Jaruzelski,
presidente de Polonia, militar y comunista, es un hombre culto en el que se
perciben emociones cuando recuerda los momentos trágicos de su vida. El más
amargo, dice, fue el 12 de diciembre de 1981, cuando tomó la decisión de
implantar la ley marcial en Polonia. Muchos polacos no le perdonarán esto
nunca. Otros creen hoy que evitó una invasión soviética y una matanza, y que
actuó por patriotismo, por lo que nadie, ni sus peores enemigos, le discute un
extremado sentido del deber.
En vísperas de su llegada a España, mañana, Jaruzelski
conversó durante más de una hora con EL PAÍS, el pasado viernes, en el palacio
Belvedere de Varsovia, sobre su dramática biografía, el trágico pasado de
Polonia y las esperanzas y riesgos del futuro para su país y la nueva Europa.
Por primera vez, el presidente polaco sugiere que su mandato concluirá en la
próxima primavera, coincidiendo con las nuevas elecciones legislativas.
Pregunta. Señor
presidente, aunque en diferentes cargos, usted ostenta el poder en Polonia
desde 1980. Hoy es un país radicalmente distinto. El sistema que usted intentó
preservar ya no existe. ¿Qué sentimientos despiertan en usted cambios tan
radicales?
Respuesta. Estos 10 años han sido toda una era. Son dos
épocas radicalmente distintas, o incluso tres. La Polonia de antes de 1980 no
tiene nada que ver con la actual, y también está la de principios de los años
ochenta. Como yo en aquella época era uno de los coautores de aquellos procesos
de cambio, está claro que me identifico con lo ocurrido. Podríamos contar
muchas noches en vela, muchos días muy difíciles y de una profunda tristeza. Lo
importante es la actualidad, saber si avanzamos o retrocedimos, y yo hoy estoy
convencido de que estamos en un gran proceso de progreso.
Paralelismos
P. Es su primera visita a España. ¿Ve usted también
paralelismos entre la transición española y en este caso la polaca?
R. Los procesos históricos son siempre distintos. Pero no
cabe duda alguna de que el último tramo de la transición en Polonia y España
tienen ciertas similitudes. Ambos pueblos sufrieron la amargura de haber estado
divididos. En España fue la dramática guerra civil. Nosotros también tuvimos
aquí elementos de guerra civil después de la II Guerra Mundial. Además, tuvimos
la aguda crisis de principios de los ochenta. El camino que ya recorrió España
y el que emprende Polonia tienen este parecido. Es una paradoja que ambos
hicieran una revolución con métodos evolutivos. Por eso observamos con gran
atención las experiencias españolas y con enorme respeto el papel jugado por el
rey Juan Carlos. Nosotros estamos aprendiendo. Voy a España por ello con gran
interés. Nuestra situación es más difícil por los problemas económicos. Marx
está pasado de moda, pero lo que dijo acerca de que la economía domina la
conciencia, sigue siendo válido. No quiero frivolizar; también la conciencia
influye en lo material.
P. ¿Qué amenazas advierte ahora para una transición
económica pacífica y exitosa?
R. Hace pocos días reuní en este palacio a la dirección del
Gobierno y del Parlamento. Hicimos una evaluación de las posibilidades de éxito
de las reformas, llegando a la conclusión de que la vía emprendida es la justa y
de que no podemos desviarnos ni ceder en ella. No obstante, habrá que
introducir ciertas modificaciones. Hasta ahora la sociedad ha demostrado mucha
confianza en el programa, pese a ser éste doloroso.
P. En la actual situación polaca, ¿cuáles son sus perspectivas
personales?
R. Veo mi papel como factor estabilizador, de una persona
que garantiza el equilibrio entre las diferentes fuerzas. En Polonia la
izquierda está muy débil actualmente. Y si hablamos de pluralismo político,
queremos que sea auténtico. La persona de un presidente que procede de la
izquierda afianza la existencia del pluralismo. Fuera del centro, muy fuerte, y
de la derecha estoy yo como persona elegida y recomendada por la izquierda.
Por otro lado, es muy importante el factor exterior. Yo
tengo excelentes relaciones con el Este, con [el presidente de la URSS] Mijail
Gorbachov, y de un tiempo a esta parte son también buenas mis relaciones con
los líderes de Occidente. Las nuevas fuerzas que llegaron aquí al poder tenían
al principio bastantes dificultades en sus relaciones con el Este. Mi papel es
asegurar las buenas relaciones en todas las direcciones.
Respecto a mis perspectivas personales, no quiero definirme
aquí. Estoy muy atento a la evolución de la opinión pública y en este momento la
mayoría aprueba mi papel. Creo que el periodo de esta presidencia hay que verlo
dentro del contexto de las próximas elecciones parlamentarias. Aunque hay
opiniones diversas, predomina la opinión de que se celebren en la próxima
primavera. Pero será la vida la que nos diga lo que sucede.
La URSS
P. Resalta usted sus buenas relaciones con Gorbachov.
Hablemos de las relaciones de Polonia con la URSS, ese gran vecino que sufre
grandes conmociones internas.
R. La Unión Soviética es nuestro mayor vecino, y los vecinos
no se pueden cambiar. Parafraseando una declaración de hace unos años del
presidente de Finlandia, "hay que tener amigos lejos y cerca".
Queremos buenas relaciones en la URSS porque en ello radica nuestro interés.
Con una URSS, además, que evoluciona positivamente por la senda de la perestroika.
Nos preocupan mucho sus dificultades. Pero la URSS es un gran país y una
gran nación, no es un barco que pudiera encallar. Podrá sobrevivir a grandes
dificultades y siempre será un gran país. Y para nosotros siempre será un gran
socio comercial y económico y abastecedor de materias primas. Todas las fuerzas
racionales en Polonia, incluido el Gobierno, tienen gran interés por mantener
buenas relaciones con la URSS, mucho más ahora, que están basadas en la estima,
no en la intervención, y en beneficio mutuo.
P. Vayamos al otro gran vecino que se perfila como potencia,
Alemania. Habida la trágica historia común, ¿cuáles son los puntos claves para
las relaciones germano-polacas?
R. Son dos plataformas. Una, que debería estar ya hoy
absolutamente clara, y la otra se refiere al futuro. La primera es la
inviolabilidad, el reconocimiento pleno de nuestras fronteras.
Desgraciadamente, hasta este último periodo observamos en la política alemana
ambigüedades en esta cuestión. De aquí viene nuestra posición absolutamente
decidida a participar en la conferencia de dos más cuatro. Antes de la
reunificación alemana queremos obtener una declaración clara en este asunto.
Otra cosa es la relación futura. Alemania será una gran potencia.
Nuestra común historia está cargada de varias situaciones dolorosas. No
obstante, nosotros no queremos vivir sumidos en el pasado. Deseamos ver una
oportunidad para Polonia en la cooperación, sobre todo la económica, con este
gran Estado que está experimentando un desarrollo muy dinámico. Evidentemente,
es muy importante cuidar que estas relaciones no revistan la forma de la
dominación de la parte más fuerte. Estamos muy interesados en tener buenas
relaciones y una buena cooperación e incluso, en el futuro, en la amistad entre
nuestros dos países. Pero, hablando un poco en broma, hay que reconocer que
España tiene una situación geográfica mejor que la nuestra.
P. En la reunión del Pacto de Varsovia que concluyó en
Moscú, creo que era usted el único dirigente que ya asistió a las cumbres bajo
Breznev. ¿Qué va a suceder con el Pacto ahora, tan distinto a aquel que usted
conoció?
R. Nos hallamos ante una situación nueva y será la transformación la que defina el
futuro del Pacto de Varsovia. En Moscú llegamos a la conclusión común de que es
útil, si bien con funciones y estructura radicalmente cambiadas. De ser el
instrumento de la división de Europa se convierte en el instrumento del diálogo
y la cooperación. Varios participantes, entre ellos yo, insistimos en crear una
infraestructura de cooperación con la OTAN; el papel militar del Pacto de
Varsovia será cada vez menor y mayor el político. Por otra parte, deben
reformarse las estructuras del Pacto para que la igualdad entre los miembros
sea absoluta.
P. En Moscú se habló, lógicamente, de Alemania. ¿Cuál es la
postura del presidente respecto a la pertenencia de la Alemania unida a la
OTAN?
R. Deseo encarecidamente que las dos superpotencias y
los demás países europeos con interés al respecto lleguen aquí a una solución
satisfactoria. Hay dos posiciones extremas: una, la pertenencia a la OTAN; la
otra, la neutralidad. Creo que habrá que buscar una solución intermedia.
Momentos amargos
P. Señor presidente, toda una concepción del mundo se
ha hundido. En Checoslovaquia acaban de detener al ex ideólogo jefe Vasil
Bilak. ¿Cuáles han sido los momentos más amargos en su carrera militar y
política?
R. El momento más amargo de mi vida fue el 13 o, mejor
dicho, el 12 de diciembre, en que tome la decisión [de implantar la ley marcial
en Polonia].
P. ¿Y decisiones como la entrada de las tropas del
Pacto de Varsovia en Checoslovaquia, en la que participó como ministro de
Defensa polaco, dolieron también?
R. Yo llevaba poco tiempo de ministro. Me habían
nombrado en abril. Recuerdo que en agosto estaba de vacaciones en la URSS, en
el Cáucaso. Tres días antes de la invasión me llamaron. No quiero negar mi
papel, pero me referiré a una escena para explicar los argumentos de la
decisión, que fue tomada al más alto nivel. Un argumento tenía un gran peso
para nosotros, polacos, en 1968, antes de que en 1970 firmáramos con la RFA el
acuerdo sobre inviolabilidad de fronteras. El problema de las fronteras nos
afectaba muchísimo. En 1939 un gran ataque alemán contra Polonia partió desde
Checoslovaquia y nos sentimos cercados por todas partes. Entonces nos dijeron
que las fuerzas que surgían en Checoslovaquia estaban estrechamente ligadas a
las alemanas, que se habían descubierto depósitos de armas y que oficiales del
Ejército federal habían comenzado a aparecer como turistas. Hoy soy consciente
de que se trataba de desinformación. Pero en aquel entonces causó mucha
impresión y convenció a todo soldado polaco de que su labor era correcta.
Aquello fue uno de los graves errores de la historia.
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