Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
17.06.90
Las patrullas móviles ya están en marcha por Bucarest para
neutralizar enemigos. Fascistas, degenerados, prostitutas y especuladores serán
su principal objetivo. Quiénes son miembros de estos gremios
lo decidirán estas patrullas. En los hospitales continúan las detenciones
de heridos, una vez dados de alta. Iliescu recurrió en su alocución a los
mineros a una retórica que hizo pensar a muchos rumanos que el dictador ejecutado,
el odiado Ceausescu, regresó al mundo de los vivos. Hoy ya ha quedado claro que
toda la palabrería sobre depuración de responsabilidades en el Ejército y la
Securitate fue fomentada o tolerada por el poder tras la revolución para tener
contentos a los crédulos en Rumanía y fuera de ella. Unos cuantos cabezas de
turco son sometidos a juicio, pero el negocio, el aparato, funciona.
Los redactores de Romania Libera redactaron ayer
el diario sabiendo que no saldría a la calle. Los obreros de la imprenta han
sido amenazados de muerte y con la destrucción de las instalaciones si osan
imprimirlo. Los redactores pidieron protección y ésta no llegó. La policía
protege el supuesto diario independiente Adevarul, sumiso portavoz
del poder. Los protegidos no son los amenazados. Romania Libera no
sale a la calle; el Express, tampoco. Todos los demás empiezan a parecerse
ya en su uniformidad a los diarios antes de diciembre, cuando fue derrocado
Ceausescu.
Muchos ciudadanos de Bucarest reconocían ayer que habían
aplaudido y saludado a los mineros cuando patrullaban las calles por puro miedo
a las consecuencias de mostrarse secos y, por tanto, sospechosos. El terror
llegó a Bucarest por decreto del poder, y las cabezas de éste despidieron con
honores a los mineros apaleadores.
Así las cosas, Roman se declara "sorprendido y
dolorido" por la reacción de la prensa occidental e lliescu acusa a éste
de participar en una ridícula conspiración de prostitutas, drogadictos,
carteristas y degenerados de no se sabe qué tipo.
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