Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
17.06.90
El presidente rumano, Ion Iliescu, ha acusado a la derecha
europea de querer derribar el régimen de Bucarest y ha anunciado la
subordinación de la policía al Ministerio de Defensa y la creación de una
guardia nacional "limpia, leal y honesta". En un mensaje de
agradecimiento y despedida a los miles de mineros que sembraron el terror en la
capital y que el viernes regresaron a sus puntos de origen, Iliescu llamó
"a mantener y a desarrollar el espíritu de combate para hacer frente a los
elementos desclasados, degenerados y fanáticos". La tranquilidad volvió
ayer a las calles de la capital rumana.
Con la creación de una guardia nacional "limpia, leal y
honesta", el poder en Rumanía recurre de nuevo, en la práctica, al
despliegue de una fuerza paramilitar ideologizada que en todos los restantes
regímenes del Este de Europa ha sido desmantelada en el periodo de transición
por considerarla incompatible con un Estado democrático de derecho. Las
milicias obreras de los partidos comunistas han desaparecido, y el Frente de
Salvación Nacional (FSN) crea ahora su propia fuerza de choque, leal al
partido. Los mineros abandonaron Bucarest el viernes por la noche, y su puesto
como "guardianes del orden" lo han asumido unas "brigadas
móviles" que patrullan día y noche recogiendo información sobre
movimientos sospechosos. Antes de que se fueran, estuvo a punto de producirse
un baño de sangre cuando un centenar de gitanos intentó acudir a la estación
ferroviaria para vengar, con un ataque a los mineros, a las decenas de miembros
de su raza apaleados sin motivo. La policía logró frenarlos cuando con barras
de hierro y machetes iban dispuestos a entablar una batalla campal con varios
miles de mineros.
El presidente descalificó implícitamente al movimiento
democratizador en las Fuerzas Armadas que intenta hacer del Ejército una fuerza
apolítica y neutral con la defensa territorial como único cometido. Iliescu
dijo la noche del viernes: "Éste [en referencia al Ministerio de Defensa]
tiene tradición como organización que puede intervenir para defender
localidades, territorios y objetivos importantes".
El Comité de Acción Democratizadora del Ejército (CADA) ha
sido disuelto por orden superior. Los indicios de manipulación de las
manifestaciones estudiantiles por parte de agentes de la Securitate, policía
política de Ceausescu, para realizar los asaltos al Ministerio del Interior y
a la sede de la televisión se fortalecen mientras tanto.
Queda por saber quiénes provocaron esta violencia. Algunos
apuntan a una operación para liquidar el desarrollo de una oficialidad en el
Ejército con vocación democrática que quiere limpiar los cuerpos armados y el
poder de personas implicadas con la dictadura de Ceausescu. Supondría un
peligro inmediato tanto para Iliescu y el primer ministro, Petre Roman, como
para el ministro de Defensa, Victor Stanculescu, que, según fuentes de
Timisoara, está gravemente comprometido por su participación en la represión de
las manifestaciones en aquella ciudad en diciembre pasado.
No se sabe cuál es el papel de generales como Gusa, uno de
los primeros en unir sus fuerzas a las manifestaciones populares, jefe del
Estado Mayor y hoy relegado como mando militar del distrito de Buzeau. Dada la
trama inexcrutable de intereses, conjuras y disputas en un poder político,
policial y militar responsable de graves y continuos actos criminales durante
la dictadura, aún es prácticamente imposible definir claramente los frentes. Mientras,
los medios de comunicación rumanos han desatado una campaña contra la prensa
extranjera que ha denunciado la represión lanzada por las autoridades contra
la oposición en la madrugada del jueves. Todos están sometidos al dictado del
Frente de Salvación Nacional tras haberse impedido la publicación de Romania
Libera, Express y otros diarios críticos asaltados por los mineros que
claman contra las informaciones supuestamente difamantes.
Retórica de guerra
Duro, agresivo y exento de toda sugerencia conciliadora, el
discurso de Iliescu se acercó claramente a la retórica de Nicolae Ceausescu, y
su más clara lectura fue que el que no le apoye quedará marcado como enemigo.
"Retórica de guerra" civil, afirman varios intelectuales en Bucarest.
Un día después de que los mineros concluyeran su violenta
estancia en Bucarest, la calma ha vuelto a las calles de la ciudad, pero se
mantiene la tensión y la certeza de que se está librando una fiera lucha por el
poder.
Según Iliescu, el día 13, en que manifestaciones contra su
persona desembocaron en los asaltos al Ministerio del Interior, la jefatura de
policía y la televisión, fuerzas fascistas intentaron, con ayuda de elementos
extranjeros, hacerse con el poder en Rumanía. "Estamos ante un amplio
escenario en el que no sólo participan las fuerzas internas que no pueden
aceptar la idea de que han perdido. Tiene dimensiones europeas. Fue una acción
conjunta de las fuerzas derechistas europeas que creen que la derecha tiene que
tomar el poder en toda Europa oriental, dijo. Achacó los asaltos del miércoles
a unas fuerzas fascistas dirigidas por Horia Sima, ultraderechista rumano que
reside en España desde la II Guerra Mundial.
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