Por HERMANN TERTSCH
El País, París,
22.11.90
LA CUMBRE DE PARÍS
El presidente soviético, Mijail Gorbachov, ha entregado a
algunos países occidentales una lista de productos que la URSS necesita
urgentemente para paliar su dramática escasez de alimentos. La delegación
soviética en la cumbre de París dejó claro que no quiere limosnas ni
donativos sino comercio, aunque en condiciones muy favorables, según reveló el
primer ministro canadiense, Brian Mulroney.
La lista soviética presentada a Canadá se refería a
productos cuya necesidad es perentoria, como mantequilla, leche en polvo, carne
de cerdo y vaca, harina y aceites vegetales. El ministro de Asuntos Exteriores alemán,
Hans Dietrich Genscher, anunció ayer que la Comunidad Europea concederá a Moscú
en diciembre un paquete de ayuda financiera de 1.000 millones de dólares para
la adquisición de productos alimenticios.
Esta ayuda tiene por objetivo paliar la escasez de alimentos
en la URSS en los primeros meses del invierno, que se consideran decisivos para
la reforma soviética. Un efecto añadido sería romper con aquellas tendencias de
la opinión pública soviética que ven en los éxitos de Gorbachov en el exterior
hechos que no les afectan positivamente.
La Comunidad Europea es, sin embargo, consciente de que esta
ayuda no será suficiente sino, en todo caso, tan sólo un alivio para el
prácticamente desmoronado sistema de suministro alimenticio en la URSS.
Voz de alarma
Los líderes del Este europeo, desde el soviético Mijail
Gorbachov al búlgaro Jelo Jelev, han dado en París la voz de alarma ante la
situación que viven sus países. Varios de ellos han advertido que el entusiasmo
paneuropeísta de la CSCE debe dar paso urgentemente a medidas de cooperación y
asistencia concreta para evitar graves conflictos que podrían acabar con las
recién nacidas democracias.
"Nuestro futuro común puede quedar oscurecido por las
siniestras nubes de resurgentes conflictos del pasado si no superamos la
división entre la Europa pobre y la rica", advirtió el primer ministro
polaco, Tadeusz Mazowiecki.
El hambre, los nacionalismos, la intolerancia, la
desesperación y, como resultado de todo ello, grandes movimientos migratorios
hacia Occidente, son algunos de los fantasmas que han turbado el ambiente
ceremonial de la cumbre de París y la satisfacción por la certeza de que Europa
ha dejado atrás una era de tensión, enfrentamientos y dictaduras.
Mientras los líderes europeos cenaban y asistían a un espectáculo
de ballet en el palacio de Versalles, en Rumanía y Bulgaria, grandes
manifestaciones recorrían las calles pidiendo la caída de los respectivos
Gobiernos y condiciones que permitan una subsistencia digna.
En Polonia, los mineros se declararon en huelga y, en todo
el Este del Viejo Continente, las colas ante los despachos de comida de la
beneficencia superan ya a las que se forman ante las tiendas casi vacías.
"No puede haber fronteras que perpetúen la división de
la riqueza", declaró el canciller Helmut Kohl, que anunció un envío masivo
de alimentos a la Unión Soviética.
Kohl es consciente de que el hundimiento de las economías
del Este y la incapacidad de algunos de estos Estados para alimentar a sus
ciudadanos están provocando ya una presión migratoria que amenaza con alcanzar
dimensiones que solo tendrían precedentes en la Edad Media.
No hay comentarios:
Publicar un comentario