Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Bucarest
El País Jueves,
17.05.90
Dos militantes muertos, decenas de heridos -algunos de ellos
graves-, cerca de setenta sedes de partidos asaltadas y en parte destruidas son
el resultado de los incidentes habidos en la campaña electoral rumana ante los
comicios del próximo domingo. Dirigentes de los partidos de la oposición han
calificado la campaña de "insufrible", y acusan como autor de las
agresiones al antiguo aparato comunista, hoy integrado casi intacto en el
Frente de Salvación Nacional (FSN), que preside Ion Iliescu.
El Partido Nacional Campesino, que junto con el Partido
Nacional Liberal es el principal objetivo de los ataques, intentó aún el martes
convencer al bloque de los partidos históricos -los ya citados más el Partido
Socialdemócrata-, de que abandonasen la campaña y boicoteasen unas elecciones
que consideran no reúnen las garantías suficientes. "La campaña contra la
oposición democrática se ha basado en la difamación y el terrorismo. Estamos,
por lo demás, convencidos de que el FSN falsificará los resultados si lo
considera necesario", declaró ayer a EL PAÍS Ion Pulu, vicepresidente del
Partido Nacional-Campesino.
La campaña de intimidación contra los dos principales
partidos de la oposición llevó a situaciones grotescas como la agresión a la
mujer del líder del PNC, Elizabeth Ratiu, por parte de enfermeras y dementes
durante su visita a un hospital siquiátrico en Bucarest. Un hombre de gran
parecido físico con el líder del Partido Nacional Campesino, Radu Campeanu, se
encuentra aún en el hospital tras haber recibido en la calle una paliza por
error.
El FSN ha rechazado toda implicación en estos incidentes,
que explica por la "frustración política" de la gente tras décadas de
dictadura. Según el portavoz del FSN, Adrian Nastase, los partidos de la
oposición han creado la leyenda del terror durante la campaña para desviar la
atención de su debilidad frente al apoyo que recibe el Frente.
Ayer, el diario Romania Libera publicó una nueva
encuesta, si bien tan escasamente fiable como todas las anteriores y realizada
tan sólo en Bucarest y, por tanto, en absoluto extrapolable a Rumanía. Aunque
confirma a Iliescu, con un 60%, como el gran favorito en la elección a la
presidencia de la república, rebaja considerablemente los resultados del FSN en
la Cámara de Diputados. Con un 30%, el FSN estaría en minoría frente al bloque
de partidos históricos (PNC, PNI y PS), que éstos han acordado ya formar ganen
o pierdan las elecciones. El primer ministro rumano, Petre Roman, aseguró ayer
que no utilizará la fuerza para desalojar a los manifestantes que desde hace
tres semanas ocupan la plaza de la Universidad, en el centro de Bucarest, en
demanda de la retirada de la candidatura de Iliescu por su pasado como
dirigente comunista, si se retiran antes de que expire el ultimátum impuesto
por el Gobierno para el desalojo de la plaza, que se cumple a las cero horas de
mañana viernes.
La oposición cree que no habrá desalojo violento de los
manifestantes. "El Gobierno no lo hará mientras estén aquí centenares de
periodistas y observadores internacionales, sino unos días después de las
elecciones, cuando se hayan ido", manifestó ayer el nacional-campesino
Pulu.
Timisoara
Los estudiantes aseguran que no se retirarán si no se cumple
el octavo punto de la Proclamación de Timisoara, que exige el veto durante tres
legislaturas a la presentación de candidatos que, como Iliescu, ostentaron
cargos de responsabilidad en el aparato comunista. Los partidos democráticos y
toda la oposición al FSN se han adherido a esta Proclamación.
El FSN ha rechazado toda posibilidad de tomarla en
consideración. Le despojaría de un candidato que, según todos lo indicios,
cuenta con fervorosos partidarios tanto entre los que apoyaron la dictadura
como entre quienes sueñan con una apertura tranquila hacia la economía de
mercado y la democracia.
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