Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
06.04.90
Las elecciones en Eslovenia el próximo domingo, las primeras
libres y plurales que se celebran en Yugoslavia, pueden ser el principio del
fin del estado federal y plurinacional creado por el mariscal Josip Broz Tito
tras la II Guerra Mundial. Un millón de eslovenos acude a las urnas para elegir
a los 240 diputados del parlamento y al presidente de la república, pero ante
todo, para decidir cual será el futuro de las siempre tormentosas relaciones
entre las seis repúblicas que integran este Estado, sumido en la peor crisis de
su historia. Federación, confederación o ruptura e independencia son las tres
opciones que abiertamente han concurrido en los programas electorales. Nadie defiende
ya en Eslovenia el mantenimiento del estado actual de las relaciones con
Belgrado y la mayor de las repúblicas, Serbia. Nadie sabe como será Yugoslavia
cuando concluya este año de 1990, en el que además de Eslovenia, celebrará
elecciones la otra nación católica, Croacia. Estas dos repúblicas, las más
desarrolladas, han tomado, si bien a ritmo diverso, la senda de la liquidación
del socialismo implantado por Tito. Mientras, en Serbia, la dirección de
Slobodan Milosevic, aupada por el nacionalismo militante, aplica retoques al
sistema para intentar salvarlo y recurre para ello cada vez más a métodos
centralistas y neoestalinistas, especialmente en su política hacia las
minorías.
Los sondeos publicados en Liubliana dan como favorito a la
coalición Oposición Democrática de Eslovenia (ODE) con casi un 40% de la
intención de voto. Esta alianza de siete partidos, entre ellos el
Socialdemócrata y la Unión Campesina, es partidaria de una total autonomía
económica y política, interna y externa, y está dispuesta a una declaración
unilateral de independencia eslovena si Belgrado no acepta una soberanía
prácticamente ilimitada dentro de una estructura confederada.
Otro grupo de la oposición con grandes posibilidades es el
Partido Verde de Eslovenia en el que se ha integrado gran parte de los
activistas jóvenes que forman desde hace años la vanguardia de la oposición
anticomunista.
La Liga de los Comunistas de Eslovenia, que rompió el pasado
año con la Liga de los Comunistas de Yugoslavia, ha cambiado su nombre por el
de Partido de la Reforma Democrática (PRD). Sus posibilidades de lograr una
mayoría relativa son muy escasas, pero es previsible que se beneficie de su
papel como pionero de las reformas democratizadoras en Yugoslavia y su
enfrentamiento con Belgrado. Su máximo dirigente, Milan Kucan, es
paradójicamente el favorito en la pugna por la presidencia de la república con
Joze Pucnik, lider de ODE.
La popularidad de Kucan
Su defensa del proceso de apertura frente a los intentos de
intimidación de Milosevic y el mando militar yugoslavo han hecho de Kucan un
dirigente insólitamente popular para un excomunista en un país en transición
hacia la democracia.
Pucnik dice que "si no hay acuerdo sobre la
confederación, la única salida es la secesión". Kucan es mas cauto. Advierte
sobre el peligro de una intervención militar de Belgrado en caso de una
declaración unilateral de independencia. No obstante, tampoco excluye la
secesión.
Las políticas de Serbia y Eslovenia son ya, por divergentes,
incompatibles en un mismo Estado. Si Serbia no entra en la senda democrática,
también en lo que se refiere a los derechos de la minoría albanesa en Kosovo,
Yugoslavia podría ser pronto un mero recuerdo de la posguerra.
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