Por HERMANN TERTSCH
El País, Praga /
Sofía, 11.06.90
El Partido Socialista Búlgaro (PSB, antiguo partido
comunista) ganó ayer la primera vuelta de las elecciones legislativas en
Bulgaria, según las primeras proyecciones extraoficiales dadas a conocer anoche
en Sofía por el instituto alemán occidental Infas. El PSB logró el 48,5% de los
votos, y la Unión de Fuerzas Democráticas (UFD, principal partido de la
oposición) alcanzó el 32,3%, según dicha fuente.
Varios miles de simpatizantes de la UFD se manifestaron
desde la tarde de ayer ante el Palacio de la Cultura, en Sofía, donde fue
instalado el centro de prensa y los estudios de televisión. Bulgaria celebró
ayer la primera ronda de sus elecciones generales, las primeras pluralistas
desde el final de la Segunda Guerra Mundial, como último país del este de
Europa que rompe con la era dictatorial comunista. A última hora de la tarde,
cuando ya habían cerrado los colegios electorales en todo el país, no se conocían incidentes de importancia durante la jornada, que eran temidos a la vista de la
violencia habida en la campaña electoral.
Según miembros de la oposición, al menos cinco personas
murieron a manos de grupos incontrolados del aparato comunista, y los
actos de intimidación han sido muy abundantes.
Las posibilidades de un voto libre en Bulgaria eran
infinitamente más reducidos que, por ejemplo en el caso de Checoslovaquia, que
votó el viernes y el sábado, ya que el aparato comunista búlgaro sigue
intacto y cuenta con posibilidades reales de mantener el poder.
En los pueblos se daba ayer por segura la influencia de la
intimidación sobre la tendencia de voto, pese a la presencia de los
observadores internacionales.
La influencia del 'aparato'
La tercera fuerza será con gran probabilidad el Partido
Agrario, una formación tradicional búlgara, de gran fuerza en la época de
entreguerras, que bajo el régimen comunista se convirtió en títere del poder.
La ventaja inicial del partido socialista, que cuenta con
prácticamente toda la infraestructura del aparato comunista y de
Estado se vio reducida en las últimas semanas por las revelaciones sobre los
crímenes del régimen. No obstante, su implantación en todo el país y su control
de los medios económicos y de propaganda y de las estructuras de la
Administración del Estado le han proporcionado unos claros privilegios frente a
las demás fuerzas concurrentes.
Los búlgaros deberán decidir entre ayer y el próximo
domingo, en la segunda ronda, la composición de la Asamblea Nacional, de 400
miembros, que deberá redactar la nueva Constitución del Estado. El periodo
constituyente tendrá una duración de 18 meses, período tras el cuál deberán
ser convocadas unas nuevas elecciones generales.
Más de seis millones de búlgaros estaban convocados a las
urnas en este país balcánico que, después de sufrir uno de los regímenes
estalinistas más duros del este de Europa, pasó a convertirse en un Estado de
características casi feudales bajo el máximo dirigente Todor Yivkov y los del
todopoderoso partido comunista. Yivkov cayó el 9 de noviembre del pasado año y
se encuentra detenido por diversos delitos.
Con Yivkov y otros pocos colaboradores como cabezas de
turco, el partido socialista ha hecho una hábil campaña, distanciándose de los
desmanes del régimen pasado, a los que ha presentado como meros productos de la
dictadura personal del ex secretario general, y de otras supuestas desviaciones.
Oposición dividida
Con Lilov como nuevo secretario general, Petar Mladenov como
jefe del Estado y el inteligente Andrei Lukanov de primer ministro, el partido
socialista intenta presentarse como la fuerza conciliadora frente a la supuesta
agresividad de la opositora Unión de Fuerzas Democráticas (UDF).
La oposición democrática, que en su inmensa mayoría acude en
el marco de la UDF a los comicios, se encuentra dividida en lo que respecta a
cómo tratar al partido comunista después de las elecciones.
Una parte prefiere intentar una coalición con los ex
comunistas para impedir que el poderoso aparato que éstos dominan se
vuelva contra la política de reformas que una oposición victoriosa tendría que
imponer con medidas drásticas.
Otros se niegan rotundamente a cualquier clase de trato con
el antiguo partido de la dictadura y quieren inmunizar a la población contra
nostalgias del pasado con puntuales revelaciones concretas de los crímenes del
régimen y juicios contra los culpables.
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