Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
24.10.90
Albania acoge a los ministros de Exteriores del inestable
sureste europeo
La Conferencia de Ministros de Asuntos Exteriores de los
Balcanes comienza hoy en Tirana, en un marco de graves focos de
desestabilización política en la región, acuciantes problemas económicos y unas
relaciones cambiantes entre los Estados participantes. Esta segunda reunión
balcánica, tras la celebrada el pasado año en Belgrado, supone además la
definitiva integración de Albania, el país anfitrión, en el concierto europeo
de naciones.
En un continente europeo en el que el último año ha traído
cambios históricos, ha desaparecido el enfrentamiento Este-Oeste y los factores
del equilibrio de la guerra fría ya han quedado vacíos de contenido, alianzas y
neutralidades, los países balcánicos afrontan la grave tarea de evitar que,
como en otras épocas de inestabilidad, esta región se convierta en permanente
foco de conflictos. Conflictos étnicos, fronterizos y económico-sociales
amenazan, como no había ocurrido desde las guerras balcánicas de principio de
siglo, la seguridad de la región. Los seis Estados de la cumbre de Tirana
aseguran no mantener reivindicaciones territoriales entre ellos. Sin embargo, de
continuar el proceso de disolución de Yugoslavia y ejercer Serbia sus
reclamaciones territoriales frente a otras repúblicas yugoslavas, esto podría
cambiar rápidamente.
Los ministros de Asuntos Exteriores de Rumanía, Bulgaria,
Grecia, Turquía, Yugoslavia y Albania se reúnen en una situación que difiere
radicalmente de la existente en su primer encuentro. Albania ha roto ya su
aislamiento internacional y ha emprendido el camino hacia un régimen más
abierto. En Rumanía y Bulgaria han caído los regímenes comunistas que en la
reunión de Belgrado aún lanzaban hueras proclamas propagandistas. En Grecia, la
derecha ha sucedido a los socialistas en el Gobierno. Turquía, el puente de
la región balcánica con Oriente Próximo, se encuentra en la primera línea del
acoso internacional al Irak de Sadam Husein. Yugoslavia, finalmente, atraviesa
la crisis más grave de su historia, que cuestiona su supervivencia como Estado
unitario.
Democratización
La democratización, aunque aún en su fase inicial, en
Rumanía y Bulgaria ha restado tensión a algunos de los problemas de la región.
El factor de desestabilización regional que suponía la política de Nicolae
Ceausescu desapareció con el dictador. La tensión entre Bulgaria y Turquía
también ha menguado, tanto por el cese de la represión oficial de la minoría
turca búlgara como por el fin de la política de enfrentamiento entre las dos
alianzas militares, la OTAN y el Pacto de Varsovia, que tenían su única
frontera balcánica entre estos dos países.
El proceso de descomposición de Yugoslavia, muy acelerado
desde la última cumbre balcánica, plantea ingentes peligros para toda la
región. Albania, Bulgaria y Rumanía tienen largas fronteras con Yugoslavia y se
verían implicados, de una forma u otra, en un conflicto entre las etnias yugoslavas.
Pero Yugoslavia no es el único foco potencial de
desestabilización regional. Bulgaria y Rumanía, con sus economías en absoluta
postración y duros programas gubernamentales de reestructuración ante sí, son
dos escenarios muy probables de graves conmociones sociales en los próximos
meses.
Rumanía ha presentado ya en varias ocasiones la propuesta de
creación de un Consejo de Seguridad de los Balcanes en el que, con los
mecanismos propios de la CSCE, se pudieran dirimir los conflictos de esta
región, conflictiva como pocas.
La idea ha sido bien recibida por los otros países
participantes en la cumbre de Tirana, pero "no está suficientemente
madurada", según opinan medios diplomáticos balcánicos no rumanos. Todos
coinciden, sin embargo, en que sólo se podrá establecer un marco efectivo de
cooperación balcánica cuando haya quedado claro el futuro de Yugoslavia.
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