Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
18.06.90
El Gobierno rumano, dirigido por el primer ministro Petre
Roman, ha entrado en abierto enfrentamiento con el presidente, Ion Iliescu, sus
asesores y gran parte del aparato de la antigua policía política (Securitate).
Los enfrentamientos en el núcleo del poder rumano se han disparado tras el
llamamiento de Iliescu a los mineros, que provocaron gravísimos actos de
barbarie en Bucarest la pasada semana. A última hora de ayer grupos de
manifestantes volvieron a tomar la plaza de la Universidad en Bucarest,
exigiendo la libertad de los detenidos.
Además de pedir la liberación de los presos por los
recientes incidentes, los manifestantes han solicitado explicaciones por la
violencia que desataron los mineros convocados por Iliescu. Ante la reaparición
de las manifestaciones, el nuevo ministro del Interior, Doru Viorel Ursu, ha
hecho un llamamiento a la calma. "Toda acción provocadora puede acabar en
un desastre de consecuencias irreparables", afirma el texto del ministro,
leído por radio y televisión anoche, poco después de que cerca de un millar de
personas se reagruparan en la plaza de la Universidad. Ante la presencia de los
manifestantes, el tráfico fue nuevamente cortado y poco después las tropas del
Ejército y policía en la zona se retiraron.
La sesión de hoy del Parlamento deberá designar primer
ministro, con lo que se abre una semana que promete ser dramática. Medios
consultados por EL PAÍS manifestaron ayer que la ruptura entre Iliescu y el
Ejército ha entrado en una fase que parece irreversible, y sugerían que Roman
podría haber decidido ya romper su alianza con Iliescu. "Con la herencia
bizantina de los Balcanes", precisaban las fuentes, "no es
descabellado que Roman e Iliescu aparezcan en público como si formaran un
tándem. Pero en estas circunstancias es el presidente quien tiene que actuar ya
si no quiere perderlo todo".
ROMAN PROMETE INVESTIGAR LA VIOLENCIA EN BUCAREST
El Gobierno rumano emitió un comunicado en el que se
distancia "neta e inequívocamente" de los "excesos y
abusos" cometidos por los mineros. Iliescu había agradecido calurosa y
públicamente a los mineros los servicios prestados para "restablecer el
orden", con centenares de ciudadanos apaleados. Petre Roman marcó aún más
su distanciamiento del llamamiento a los mineros de Iliescu con una visita a
los estudiantes, principales víctimas de aquéllos.
Roman, ante las exigencias de los estudiantes de que
presentara su dimisión, se mostró dispuesto a hacerlo, pero prometió que, como
primer ministro, está dispuesto a abrir una investigación que permita castigar
a los culpables de los abusos cometidos la semana pasada en Bucarest por los
mineros.
También visitó a los estudiantes el nuevo ministro del
Interior, Doru Viorel Ursu. El Gobierno pidió cooperación a los intelectuales y
estudiantes para establecer un marco de confrontación de ideas en el país que
no sean las manifestaciones callejeras violentas, para evitar que actos como los
de la pasada semana puedan reproducirse. Ion lliescu, en cambio, había pedido
"mantener y desarrollar este espíritu de combate para hacer frente a los
elementos desclasados, degenerados y fanáticos".
Mientras, se fortalecen los indicios de que los asaltos
contra el Ministerio del Interior, jefatura de policía y sede de la televisión
fueron una acción provocada por agentes de una de las facciones del aparato del
régimen. Al agente de Interior muerto tras ser herido mientras incendiaba su
propio ministerio se une la presencia del coronel Mihal Lupoi, que fue visto en
este asalto y ha reconocido haber estado allí.
Oscuros manejos
Lupoi niega haber agitado a la masa para "matar 10
policías cada uno" y asegura que "quería mantener la calma". El
coronel, que fue ministro de Turismo algunas semanas después de la revolución,
dimitió y causó baja en el Ejército.
Nadie fuera del círculo de los conspiradores sabe a qué
fuerza obedecían cuando manipularon la manifestación estudiantil. Aunque el
Gobierno insiste en su comunicado, como Iliescu, en que fueron "fuerzas
fascistas", parece ya evidente que una de las facciones quería derribar a
la otra antes de la creación del Gobierno electo.
Los graves incidentes de los días 13 y 14 provocaron la
llamada de Iliescu a los mineros y una oleada de detenciones que no ha
concluido. El Gobierno citaba el sábado 1.021 detenciones. Ayer eran muchas
más. "Ahora están investigando con denuncias de civiles, fotografías y
vídeos", según un periodista rumano. Cinco periódicos de Bucarest no salen
a la calle. Los mineros han amenazado de muerte a los trabajadores de las
imprentas.
El balance de cinco víctimas mortales publicado por el
Gobierno ha sido superado por la realidad. Fuentes médicas confirmaron ayer que
esperan más muertes, ya que varios hospitalizados tienen órganos reventados por
los golpes de los mineros.
En Timisoara, varios miles de personas conmemoraron ayer el
comienzo de la revolución, hace seis meses. No se habían producido incidentes a
la hora de cerrar esta edición, si bien por la ciudad circulaba el rumor de que
los mineros habían decidido acudir a Timisoara para repetir su actuación de
Bucarest. Pocos creen que Iliescu vaya a repetir su llamamiento al sector más
primitivo y brutal del país para aplastar a sus conciudadanos. Algunos
intelectuales de Bucarest creen que este error puede costarle el poder. De
acudir los mineros a Timisoara, odiada por ellos como centro
intelectual, el Ejército podría verse obligado a defender a la población
disparando contra los enviados del presidente. Ésta es sólo una de las
hipótesis para el comienzo de una guerra civil, que muchos rumanos ven muy
cercana.
Primer ministro
Ante la nueva sesión del Parlamento, que deberá designar hoy
al primer ministro para establecer el Gobierno que sustituya al actual,
instituido como provisional tras la revolución, la tensión en Bucarest es
máxima. Ayer las calles estaban prácticamente desiertas y, aparte de policías
con fusiles Kalashnikov y porras, circulaban ya en automóvil las patrullas
móviles anunciadas por Iliescu hace dos días.
Medios Políticos consultados por EL PAÍS manifestaron que el
conflicto entre Iliescu y Roman ha estallado ya y que la ruptura entre el
presidente y el Ejército parece irreversible. "Puede pasar cualquier cosa".
Ni Iliescu ni Roman ni Stanculescu, saben por dónde
trascurre el frente de la división. Nadie sabe si el otro está con o contra uno
mismo. La posición del Ejército, dirigido por el ministro de Defensa, Víctor
Stanculescu, parece cercana al Gobierno.
El poder político, policial y militar en Rumanía ha entrado
en un grave conflicto interno en el que todo es posible. "Mañana podemos
tener un Gobierno militar, una guerra civil o un estado de parálisis política
en la que nadie puede tomar decisiones. Entonces tardaremos más, quizá unos
meses, en ver salir a la gente a la calle", agregaron las fuentes citadas.
Mientras, las manifestaciones regresan a Bucarest. A pesar
de que en la madrugada de hoy la plaza de la Universidad fue reabierta al
tráfico tras retirarse parte de los estudiantes, sin violencia alguna, aunque
unas 300 personas permanecían en la plaza.
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