Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
19.06.90
"Ceausescu nos hizo todo lo imaginable, Iliescu ha
recurrido a lo inimaginable. Parece que Dios quiera poner a los rumanos otra
vez a prueba", dice un joven ingeniero, profundamente triste porque la
historia se ha ensañado con la patria. Antes había opresores y oprimidos,
culpables e inocentes; Iliescu ha logrado enfrentar al pueblo con el pueblo.
Parece amenazar con un yo o la guerra. El joven quiere quedarse en su país
y hacer del mismo un "sitio en el que se pueda vivir con dignidad"
sin embargo, comprende que tras lo acaecido, tras la brutalidad desplegada por
los mineros por orden del supuesto presidente de todos los rumanos, haya quien
quiera irse del país.
Zorin, joven estudiante de arquitectura es uno de ellos. Fue
capturado por los mineros a las seis de la mañana del día 14, recibió golpes
con barras de hierro y porras en todo el cuerpo. Tras la paliza fue entregado a
la policía, que lo tuvo detenido un día.
Después se escondió, aterrado ante la posibilidad de ser
detenido de nuevo. Ahora ha salido de su escondite, y en lo único que piensa ya
es en emigrar. "Éste ya no es mi país. Quiero irme a Australia, Canadá,
Estados Unidos o a donde sea".
Los estudiantes piden ahora que la Cruz Roja Internacional
entre en las prisiones para ver en que condiciones están los presos, además de
la libertad de éstos. Que se publiquen los nombres de los muertos, ante la
seguridad de que son más de los que dice el Gobierno. Exigen una comisión
parlamentaria sobre estos sucesos, y que Iliescu, Petre Roman y el presidente
del Parlamento expongan su opinión sobre los sucesos ante las cámaras de
televisión.
Piden el fin de la campaña de desinformación y hostigamiento
contra las fuerzas de la oposición y garantías para que los partidos, las
organizaciones y la Prensa independiente puedan volver a funcionar sin las
amenazas vertidas por las fuerzas de choque de Iliescu, compuestas por mineros
manipulados y securistas manipuladores.
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