viernes, 3 de marzo de 2017

CHECOSLOVAQUIA ANTE EL FIN DE LA TRANSICIÓN POLÍTICA

Por HERMANN TERTSCH
El País,  Madrid, 31.05.90

Las elecciones del 8 de junio revelarán la nueva estructura democrática

Checoslovaquia ha pasado en seis meses de ser paradigma del inmovilismo neoestalinista más irredento a ejemplo de transición hacia la democracia con su revolución de terciopelo y un jefe del Estado, Vaclav Havel, modelo de autoridad moral y prueba viviente de la supremacía final de la inteligencia y de la ética sobre la fuerza represiva de sus antecesores. Los checoslovacos acudirán el próximo día 8 de junio a las urnas, seis meses después de la caída del dogmatismo comunista de Gustav Husak, Milos Jakes y Milos Stepan.
Los checoslovacos celebraron en noviembre la llegada de un nuevo proyecto democrático a este Estado, que en 1918, y por 20 años, había sido el modelo de democracia pluralista en Europa central. Como toda celebración, fue efímera. Pronto tuvo que ceder el protagonismo a los acuciantes problemas que el totalitarismo ha legado a los Gobiernos surgidos del movimiento popular. La economía se había quebrado hasta grados incomprensibles en esta sociedad pionera de la industrialización de gran disciplina laboral y capacidad técnica.
Checoslovaquia, una de las primeras potencias industriales del mundo en 1939, hoy está "a un nivel comparable al de Perú", según algunos de sus economistas.
Tiene este país, sin embargo, un potencial que le diferencia no sólo del Tercer Mundo, sino también de otros países hasta ahora llamados socialistas en Europa. Tiene tradición democrática, una sociedad vertebrada y unos centros urbanos de alto nivel de formación pese a 42 años de páramo cultural. Este término lo utilizó el escritor Milan Kundera para los 22 años de normalización tras la represión de la Primavera de Praga.
Puede utilizarse, sin embargo, para toda la era comunista, con meras reservas para la tan efímera como relativa libertad de 1968. La revolución de noviembre de 1989 puso fin a un régimen que era un insulto para toda esta sociedad desarrollada. Las informaciones sobre una posible colaboración del KGB soviético en la caída del neoestalinismo pueden ser ciertas. También pueden ser producto de intentos de intoxicación de la mafia comunista más dura, que, en parte desde prisión, no ceja en sus maniobras de desestabilización.
En los últimos días se han vuelto a producir en Praga manifestaciones en favor de la ilegalización del partido comunista que intenta evadir sus responsabilidades en los graves daños que infligió al país con el sacrificio de unas cuantas cabezas de turco. El Partido Comunista, dirigido por Ladislav Adamec, tendrá en las elecciones una tarea muy difícil para convencer a la población de su reconversión. Puede, sin embargo, confiar en los centenares de miles de personas dependientes del aparato a desmontar, en primer lugar la Seguridad del Estado (StB).

Los títeres
Los partidos que durante cuatro décadas fueron meros títeres del comunista y que, despojados de sus líderes de la breve fase democrática de posguerra, fueron juguetes de las ambiciones personales de dirigentes débiles o criptocomunistas, han utilizado los seis meses últimos, con diferente éxito, para distanciarse del comunismo y de su propio pasado.
Todos se unieron a la movilización democratizadora de noviembre. El Partido Socialista, de gran tradición en la época de entreguerras, fue uno de los primeros en conseguir un perfil propio, gracias a su rápida adhesión a la revolución de noviembre con su órgano Svobodne Slovo. El Partido Popular Democristiano, con su diario Lidova Demokracie hizo otro tanto.
Hoy cuenta este partido con ministros en el Gobierno provisional, y sus expectativas electorales no son malas, si bien podría verse afectado su controvertido ministro del Interior, Richard Sacher, con su demostrada negligencia en el desmantelamiento de la policía política y sus no probados intentos de utilizar informes de ésta para liquidar políticamente a sus adversarios.
Otros partidos, como el Verde Alternativo, el grupo Obroda de ex comunistas represaliados en 1968, el Campesino y el Socialdemócrata, deberán demostrar cuál es su entidad electoral. Los partidos Democrático y de la Paz, eslovacos, son otra incógnita, si bien el creciente nacionalismo en esta república, con abiertos llamamientos a la secesión o independencia económica al menos, podría dar el favor de la población eslovaca a estas u otras formaciones más radicales.
El gran favorito de estos comicios es el triunfador de la revolución, el Foro Cívico (FC), que con los líderes del cambio y con el prestigio de Havel podría alcanzar una supremacía que le permitiera continuar dirigiendo un Gobierno de coalición. Sin embargo, las diferencias entre los diversos sectores de este movimiento han comenzado ya.
Desde el ritmo de desmantelamiento de la economía estatal, la liquidación de las subvenciones, hasta la liquidación de la policía política y la persecución de los crímenes que ésta cometió, las diferencias en el Gobierno y en el FC van en aumento.
Muchos piensan que Havel es en gran parte responsable por no mostrar la misma autoridad en la gestión que en la dirección moral, y porque, cabalgando en una nube de intelectualidad, no aporta la energía necesaria para hacer frente a la conspiración del aparato comunista, que ha sido vencido, pero no ha desaparecido. Havel ya ha anunciado que, en contra de afirmaciones anteriores, desea seguir dos años en el cargo.

El gran peso del padre de la patria que es ya Havel, como en su día lo fue Thomas Garrigue Masaryk, no debe impedir que las elecciones marquen el comienzo de la estructuración política de la nueva Checoslovaquia.

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