Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
03.06.90
La revolución de terciopelo en Checoslovaquia, que en
noviembre pasado derribó al régimen comunista de Milos Jakes y abrió las puertas
a la democracia pluralista, fue el resultado no deseado de una operación de los
servicios secretos soviéticos (KGB) cuyo objetivo era sustituir a la dirección
inmovilista por comunistas reformistas más adictos a la línea política actual
en el Kremlin, según el nuevo ministro del Gobierno checoslovaco, Karel Havlik.
La operación del KGB para derribar a Jakes y los indicios de
que estos servicios participaron en la reconducción de la revolución rumana del
22 de diciembre para derrocar a Nicolae Ceausescu, evitando la disolución de
los órganos comunistas, cuestionan el fin de la política de intromisión
soviética en los asuntos internos de países aliados. "No hay aún una
confirmación oficial, pero todo indica que fue una operación soviética para aupar
al poder a un sector reformista del partido comunista", declaró Havlik a
EL PAÍS en Madrid, donde participó en una conferencia que bajo el lema de El
fin del socialismo real organizó la Fundación Cánovas del Castillo.
Havlik, nombrado ministro sin cartera hace tres semanas,
refuerza así la tesis de una trama golpista contra el régimen del secretario
general del PCCh, Milos Jakes. El ex jefe comunista de la capital, Miroslav
Stepan, ha declarado al diario Lidove Noviny que "por supuesto
que no negaría" que el 17 de noviembre se produjo un golpe de Estado.
El nuevo ministro de Información, miembro del Partido
Popular, democristiano, manifestó que aquellos que organizaron la conspiración
contra Jakes intentaban evitar el colapso total del régimen comunista. "No
obstante, no contaron con la reacción del pueblo checoslovaco". La
brutalidad de la represión de una manifestación el 17 de noviembre provocó la
reacción popular.
La falsa noticia de la muerte de un manifestante hizo que se
multiplicara el número de manifestantes en Praga y comenzaran las protestas
fuera de la capital. Petr Uhl, hoy director de la agencia CTK, colaboró
involuntariamente a difundir el falso rumor. El hecho de que Uhl no hubiera
sido detenido en un momento de tal tensión y pudiera difundir el rumor gracias
a sus contactos con la prensa extranjera y las emisoras occidentales en lengua
checa reforzó los indicios de la existencia de una trama.
La represión extremadamente agresiva de la manifestación en
la calle Nacional en Praga rompió con la actitud de violencia limitada de la
policía.
Según un informe de la comisión parlamentaria checoslovaca
que investiga los sucesos en torno al 17 de noviembre, el general de la policía
Alois Lorenc cenó aquel día con el jefe de la residentura del KGB en
Praga, el general Grushko. La cena fue interrumpida varias veces por llamadas
telefónicas para tratar sobre el desarrollo de la manifestación y sobre las
tácticas antidisturbios a emplear. En la sede de la policía política
checoslovaca (StB) había aquella noche un número inusual de agentes soviéticos.
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