Por HERMANN TERTSCH
El País, Sibiu,
27.05.90
Nicu Ceausescu, hijo del dictador rumano ejecutado en
diciembre pasado, negó ayer ser un genocida y aseguró haber engañado a sus
padres para evitar más muertes, durante su testimonio en la primera sesión del
tribunal militar que le juzga.
El proceso se abrió en Sibiu, en Transilvania, donde el
acusado fue jefe del partido comunista hasta su detención. Nicu Ceausescu, el
más odiado miembro de la familia de Nicolae y Elena, se mostró enormemente
conciliador con el tribunal de cinco oficiales de las tres armas del Ejército
de Rumanía. Nicu se fue creciendo a lo largo de la sesión, se mostró muy locuaz
y se permitió incluso bromas en el relato sobre los trágicos hechos que
siguieron al levantamiento contra el dictador, en base a los cuales se le acusó
de genocidio. Con toda la información de que Nicu Ceausescu dispone, son muchos
los rumanos que piensan que el actual poder en Bucarest ha llegado a un acuerdo
con el acusado y que éste ha logrado comprar su comodidad en prisión, primero,
y la libertad a pocos años vista.
Nicu, detenido el 22 de diciembre cuando intentaba huir en
un automóvil conducido por una de sus amantes, declaró no haber dado orden
alguna de disparar sobre los manifestantes que se habían concentrado en Sibiu
contra la sangrienta represión de las manifestaciones en Timisoara. Según dijo,
las fuerzas de la Securitate dispararon obedeciendo consignas establecidas
previamente para casos de agitación dirigida por agentes extranjeros.
Jugando a las cartas
Afeitada la barba que mostró en televisión cuando votó en
las elecciones del pasado 20 de mayo, con jersey, americana gris y sin corbata,
y unas gafas oscuras que no ocultaban su mirada, Nicu mostró una gran sumisión
ante los representantes del poder que ejecutó a sus padres. Según reconoció en
la primera sesión, televisada en directo, el levantamiento del 21 de diciembre
en Bucarest le sorprendió jugando a las cartas, una de sus grandes aficiones.
Cuatro veces tuvo Nicu contacto con sus padres desde el estallido de la
rebelión en Timisoara. Nicu aseguró que, por temor a que su madre enviara algún
miembro del Comité Central a Sibiu que decidiera el aplastamiento de las manifestaciones,
le dijo el 22 de diciembre que en su distrito no se producía incidente alguno.
Manifestó también que impidió a las fuerzas del Ejército repetir ese día una
violenta acometida de tanquetas contra la masa indefensa de manifestantes. Nicu
decidió huir, y tras un intento fallido de hacerlo en helicóptero o avión, lo
intentó por automóvil con su amiga, para ser capturado poco después pese a tapar
su rostro con una gorra. Respecto a las armas que, sin permiso, poseía, el
segundo de los cargos de que está acusado, dijo que nunca pensó en las
licencias para las pistolas, carabinas y ametralladoras, ya que pertenecían a
la Securitate y aseguró, entre las risas estentóreas del público, que nunca
había siquiera oído un tiro en la vida, y mucho menos utilizado un arma.
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