Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
22.05.90
UNA DIFÍCIL TRANSICIÓN
La habitación 410 en el Hotel Intercontinental está vacía
-que no vacante-, según la dirección de este alojamiento de lujo para periodistas
y observadores internacionales. Están muy equivocados los responsables del
mejor hotel de la capital rumana. Tres individuos ocupan permanentemente esta
habitación, en la que tienen almacenado gran cantidad de material electrónico y
cámaras. Estos policías, que lo son ahora y lo fueron con Ceausescu, vigilan la
manifestación de estudiantes que desde hace tres semanas, de forma
ininterrumpida, exige ante el hotel la exclusión de la vida pública de antiguos
líderes comunistas. Los manifestantes son una exigua minoría.
Los policías vigilan a los golani (los vagabundos o
vagos), que, según palabras de Iliescu, atentan contra la tranquilidad que
necesita Rumanía de acuerdo con el lema del FSN. En el hotel Dorobantu, el
equipo andaluz de televisión, dirigido por Julio Alonso, uno de los pocos
periodistas españoles con buenos contactos en Rumanía, fue víctima de un
curioso robo de material de rodaje. Todo hubiera parecido obra de vulgares
ladrones de hotel si no hubieran desaparecido las listas de teléfonos del
equipo. La puerta fue abierta con llave, y un miembro del Ministerio del
Interior reconoció que "esto ha sido obra de los nuestros, pero no sabemos
quiénes".
La Securitate, la temida policía política de Ceausescu,
"va por libre". Judy Dempsey, corresponsal del Financial Times, fue
retenida en el aeropuerto por figurar en una de las listas de indeserabili (indeseables) del régimen de Ceausescu. Centenares de securistas están detenidos,
según afirma el Gobierno de Petre Roman. Otros, pasado el susto, siguen
trabajando como siempre, convencidos de que su empleo tiene futuro.
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