Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
22.05.90
UNA DIFÍCIL TRANSICIÓN
Millones de votantes coinciden con el lema de los carteles
electorales del líder rumano
"Iliescu es tranquilidad y experiencia". Millones
de rumanos coinciden plenamente con este lema de los carteles electorales del
presidente rumano, líder máximo del Frente de Salvación Nacional (FSN) y casi
seguro futuro presidente electo. Iliescu es un hombre simpático, que inspira
confianza. Tiene una sonrisa amplia y emana sosiego. Ha vivido siempre en
Rumanía y ha compartido las penalidades de este pueblo bajo una dictadura
comunista a la que sirvió hasta que ésta degeneró en un sangriento régimen del
absurdo bajo el mando de Ceausescu. Los dos contendientes de Iliescu vivieron
las últimas décadas en el exterior, el liberal Radu Campeanu, en París; el
conservador del Partido Nacional Campesino, Ion Ratiu, en Londres.
"Iliescu estaba aquí mientras esos dos vivían bien". Que Iliescu,
alto funcionario comunista toda su vida, no vivió tan mal como los rumanos de a
pie lo saben todos los electores. Miembro del Comité Central, secretario del
mismo y hombre fuerte, cayó en desgracia tras el infausto viaje de Ceausescu a
China en 1971. Entonces, el dictador regresó a Rumanía entusiasmado por la idea
de crear su propia revolución cultural, a semejanza de la de Mao en China, y
formar al nuevo hombre.
Iliescu era un comunista, pero nunca fue un sumiso
funcionario que compensara la mediocridad con el halago fácil y la complicidad
dócil en la criminal empresa que Ceausescu proyectaba. Sus críticas al dictador
fueron quizá las más osadas que ningún funcionario rumano ha hecho nunca al conducator ejecutado.
Cesado entonces como secretario del Comité Central, pasó a
dirigir el partido comunista en los distritos de Iasi y Timisoara. Siempre tuvo
una buena imagen de trabajador y siempre se esforzó por paliar los dramas
cotidianos de los rumanos bajo Ceausescu.
Como ingeniero hidráulico fue después presidente del Comité
de Aguas, en un nombramiento que no significaba otra cosa que una radical
degradación.
Muchas veces se habló de Iliescu como el posible hombre
fuerte que pusiera fin a la demencia de la familia Ceausescu, y son muchos los
indicios de que, desde la llegada de Mijail Gorbachov al poder en la Unión
Soviética, era el candidato del Kremlin para reinstaurar un régimen razonable,
que no democrático en el sentido occidental, en Rumanía.
Coetáneo de Gorbachov
Iliescu estudió en Moscú. Es, a sus 60 años, coetáneo de
Mijail Gorbachov. No ocultan sus simpatías mutuas, que resultan muy sospechosas
a parte de los rumanos, antirrusos todos desde hace siglos y mucho más después
de serle arrebatada a Rumanía la actual Moldavia soviética y del implacable
estalinismo que sufrió este país.
Iliescu es un hombre honrado, según coinciden casi todos
los rumanos, demasiado conciliador para algunos y, según rumores de antiguos
colaboradores, quizá algo débil. Lo ha sido alguna vez en esta turbulenta
transición en la que la inestabilidad política ha estado a punto de desembocar
en tragedia en muchas ocasiones. Sus detractores le han acusado tan sólo de
haber sido comunista, argumento de poco peso en un país donde prácticamente
todo aquel que trabajaba en algún puesto de mínima responsabilidad o quería
estudiar tenía forzosamente que hacerse con el carné del partido.
Por su parte, el presidente Ion Iliescu no ha tenido que
hacer excesivos esfuerzos para comprender las razones de los centenares de
miles de rumanos que se comprometieron con la dictadura para sobrevivir o vivir
en una miseria un poco más soportable que las ajenas.
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