Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
15.06.90
Ayer fracasaron definitivamente los intentos del Frente de
Salvación Nacional (FSN) por presentarse a la población rumana y la opinión pública
internacional como un régimen civilizado, homologable con los países ex
socialistas en real transición hacia la democracia. El fraude en las elecciones
fue aceptado en Occidente como lógico "defecto de forma" por la
historia rumana. La barbarie bajo auspicio oficial que se volvió a adueñar ayer
de este país pone gravemente en entredicho la credibilidad democrática de las
autoridades. Existen serias dudas de que logren sobrevivir a la crisis. Los
rumores sobre una intervención militar son intensos y son muchos los indicios
de que algo se está moviendo en la abierta lucha entre el aparato policial y
las fuerzas armadas.
El ministro de Defensa, Victor Stanculescu, viajó el
miércoles a Berlín para asistir a una reunión del Pacto de Varsovia, pero esa
misma noche volvió a Bucarest al conocerse el asalto al ministerio del Interior
y a la televisión. Todo apunta a que las Fuerzas Armadas quieren guardar su
quizá inmerecido pero sólido prestigio como "autoras de la revolución
contra Ceausescu".
El miércoles todo empezó con el desalojo de la Plaza de la
Universidad, ocupada desde hace casi tres meses por un reducido grupo de
huelguistas de hambre y estudiantes que exigían la depuración de viejos
comunistas en el poder. El presidente, Ion Iliescu, se niega porque es uno de
ellos y el primer ministro, Petre Roman, por su calidad de sunnyboy de la nomenklatura del ejecutado Ceausescu.
Gran misterio
Otro gran misterio es la súbita conversión de unas decenas
de opositores cuasi místicos, dedicados a rezar, cantar y contar sus cuitas a
la prensa extranjera, en un grupo pequeño pero aguerrido de asaltantes que, con
una actuación en comando, tomaron nada menos que la jefatura de la policía y la
televisión, ésta protegida por el ejército. Que los casi conmovedores
personajes de la ocupación de la plaza robaran armas y las usaran ayer por la
noche es también, cuando menos, chocante.
Quizá tenga todo algo que ver con el comunicado del Comité
de Acción para la Democratización del Ejército (CADA), emitido días antes de
abrirse el nuevo Parlamento. En él se vertían duros ataques contra el ministro
del Interior, Mitaig Chitac, se pedía su dimisión y se elogiaba al ministro de
Defensa, el misterioso y ambicioso Stanculescu. Este personaje parece tener
buen instinto para la oportunidad como muestra que en los días previos a la caída
de Ceausescu se hizo escayolar una pierna para, supuestamente, no verse
envuelto en la represión de las protestas.
Las espantosas imágenes vividas en Bucarest en la madrugada
de ayer no fortalecen la posición de Iliescu. Con ayuda de la masa manipulada y
radicalizada puede ganar una guerra civil a las clases urbanas y educadas, en
clara minoría en Rumanía. Puede, sin embargo, que la pierda contra un ejército
que, como se va demostrando, no le apoya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario