Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
15.06.90
Manchas de sangre, hedor a orina, latas de lengua de vaca,
restos de pan, botellas, muchas botellas y el zapato de algún desgraciado que
cayó en sus manos son las huellas del paso de los mineros por la plaza de la
Universidad. En la tarde de ayer, montados en camiones, los mineros, en ánimo
victorioso tras haber limpiado de "intelectuales y parásitos" la
capital, se despedían de una masa dispuesta a emular su epopeya de perseguir,
vejar y apalear a cualquier sospechoso de simpatizar con la oposición al Frente
de Salvación Nacional.
"Venimos del trabajo para que no se rían de nosotros
los gamberros". Esta frase, cantada incesantemente desde los camiones y autobuses
repletos de obreros y mineros y grupos de manifestantes, inundaba el ambiente
de la ciudad junto a frases como "estos intelectuales son
terroristas" y la ya conocida de "nosotros trabajamos, nosotros no
estudiamos".
"Le he pegado tan fuerte que me duele la mano",
decía sin disimular su orgullo una mujer de unos 40 años después de dar un
puñetazo en pleno rostro a una joven turista que había tenido la osadía de
fotografiar una concentración.
Marian Munteanu, el líder estudiantil en la protesta de la plaza,
se encuentra en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Bucarest. De
puro milagro salvó la vida tras media hora de abatirse sobre él las porras y
los bates de los mineros que lo localizaron en la Universidad.
"La culpa no es de los mineros, que están manipulados,
sino del presidente Iliescu", dijo ayer a un amigo con las escasas fuerzas
que le quedan.
Hombres y mujeres corriendo detrás de algún infeliz por el
mero hecho de ser señalado con el dedo por alguien, los apaleamientos entre
risas y el celo febril de hacer daño hacían declarar a un joven intérprete un
triste "hoy me avergüenzo de ser rumano".
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