Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
07.11.90
TRIBUNA: ANÁLISIS
Los países del Este de Europa han entrado en la prueba de
fuego en la reestructuración de sus economías con la decisión de la mayoría de
ellos de aplicar "programas de choque" que requieren inmensos
sacrificios de la población. Las medidas, consideradas como inaplazables ante
el acelerado desmoronamiento de las economías heredadas de los regímenes
comunistas, han originado una conmoción social que amenaza con desestabilizar
sus frágiles estructuras democráticas. En las capitales de los países afectados
existe el convencimiento de que los próximos meses serán decisivos. A poco de
cumplirse un año de la llamada revolución democrática en el Este de Europa,
cunde la alarma por el deterioro vertiginoso de los niveles de vida. La
desesperación comienza a cundir entre la población. Los Gobiernos democráticos
temen ya tener que recurrir a medidas de fuerza para frenar las movilizaciones
sociales e imponer así sus programas de ingente coste social pero sin
alternativa. Las opciones de transición paulatina en la economía son ya
inviables por la rapidez del deterioro económico y social.
Rumanía, Bulgaria, Hungría, Checoslovaquia y, cuando salgan
de sus sendos procesos electorales, Yugoslavia y Polonia son y serán escenario
de implacables medidas para intentar reconstruir unas economías destruidas por
cuatro décadas de socialismo real. Pasada la euforia del año 1989 por
la caída de los regímenes comunistas, la tensión social aumenta imparablemente
y amenaza ya directamente a la supervivencia de los primeros Gobiernos surgidos
de las urnas.
Llega el invierno
Con la inminente llegada del invierno, los Gobiernos se ven
obligados a estas severas medidas de racionalización en el peor de los marcos
político-económicos imaginables. Los intentos de realizar una terapia de choque
mientras se mantenía el entusiasmo de la liberación han fracasado por
la inexperiencia de los gobernantes y la masiva resistencia que ofrece el
antiguo aparato administrativo en el Estado y en las empresas.
La subida del precio del petróleo y la suspensión de los
suministros soviéticos de crudo han agravado aún más la difícil situación. La
ayuda occidental está siendo decepcionante por lenta y escasa. En algunos
países como Rumanía y Bulgaria la escasez de alimentos es dramática. En otros
países es la inflación la que hace inasequibles los artículos existentes.
Miles de rumanos vuelven a manifestarse en Bucarest para
exigir la dimisión del Gobierno al grito de "abajo el comunismo",
cuando en realidad protestan contra una subida general de precios que hunde aún
más su nivel de vida, pero es la primera medida consecuente hacia la economía
de mercado. La supresión de las subvenciones concede credibilidad a las
intenciones del Gobierno pero lo enfrenta con el electorado del Frente de
Salvación Nacional. En mayo le prometió un programa sin traumas sociales a
todas luces imposible.
Para el 1 de enero está prevista la implantación de otro
paquete de medidas que agravará aún más las precarias condiciones de vida de
los rumanos. Llegar a esta fecha con un mínimo de paz social y estabilidad será
ya todo un éxito para el Gobierno.
Bulgaria ha racionado ya el fluido eléctrico en las
industrias, lo que acelerará el cierre de muchas de ellas. El consumo
particular lo está desde hace meses con continuos cortes de electricidad. El
racionamiento de alimentos se ha generalizado. El primer ministro Andréi
Lukanov ha amenazado con su dimisión si la oposición no se compromete con
su programa de choque.
Hungría quedó paralizada en octubre por el bloqueo de
carreteras y líneas de ferrocarril provocado por millares de taxistas y
transportistas en protesta contra la subida de los precios del combustible. El Gobierno tuvo que ceder en parte. Sin embargo, la huelga salvaje le ha llevado
a elaborar un duro plan de saneamiento económico acelerado. Los Gobiernos de la
región podrían verse obligados a utilizar la policía y el ejército para imponer
la reforma, lo que sería un grave golpe a la democracia.
Con la crisis del Golfo, Europa tiende a desatender la
dramática situación de estos países en un momento decisivo para esta región
cuyo hundimiento en el caos económico y político pondría en peligro a todo el
continente.
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