Por HERMANN TERTSCH
El País, Bucarest,
23.05.90
Los Gobiernos occidentales parecen dispuestos a ignorar las
irregularidades de las elecciones rumanas, fortalecer así la estabilidad del
futuro Gobierno del Frente de Salvación Nacional y poner énfasis en el control
del cumplimiento de las promesas de democratización. Los observadores enviados
parten del convencimiento de que en la actual situación de Rumanía, tras 50
años de dictaduras de diverso signo y la más profunda incultura política, unas
elecciones mínimamente homologables a las democráticas occidentales eran
virtualmente imposibles. Por ello parecen decididos a dar un margen de confianza
al FSN, única fuerza considerada capaz de regir el país, para que demuestre con
las reformas políticas y económicas su voluntad democratizadora. El poder en
Rumanía no lo ostentará en ningún caso un Gobierno democrático en el pleno
sentido del término, pero muy posiblemente el más operativo y el único
realmente viable. Los partidos de la oposición, prácticamente desarbolados por
unos resultados que les dan una presencia rayana en lo simbólico, han acusado
al FSN de haber cometido un fraude masivo. No obstante, el Partido Nacional
Liberal (PNL) se ha distanciado de la decisión del Partido Nacional Campesino
de impugnar los resultados.
La impugnación no tiene posibilidad alguna de prosperar,
según todos los observadores consultados, rumanos e internacionales. Las
delegaciones extranjeras, incluso las críticas con la jornada electoral y la
opinión pública rumana parecen coincidir plenamente que el país necesita ahora
un proceso constituyente sin tensiones callejeras y un estricto control
internacional para que el FSN desmantele el aparato de la dictadura comunista
que ha utilizado de hecho para su gestión y campaña electoral.
El Frente de Salvación Nacional deberá adquirir su
legitimidad en el proceso de democratización del Estado, ya que estas
elecciones no se la pueden otorgar por irregulares, según la Federación
Internacional de Helsinki, órgano de control de los derechos humanos.
La victoria del presidente Ion lliescu, candidato del FSN
para la jefatura del Estado, fue aplastante, con el 86,5%, frente al 8% de su
inmediato rival, Radu Campeanu, del Partido Nacional Liberal (PNL), y el 3,4%
de Ion Ratiu, del Partido Nacional Campesino (PNC).
En las elecciones a las dos cámaras del Parlamento, la mayor
sorpresa ha sido el práctico hundimiento de los dos principales partidos
históricos de la oposición, el PNL y el PNC, y el enorme éxito de la Unión
Democrática de los Húngaros, que se ha convertido, con el 7,25%, en la
principal fuerza de oposición. Con su 67% en el Congreso y el 68% en el Senado,
el FSN cuenta con una sólida mayoría absoluta. El Partido Ecologista logró el
2,2% de los votos en ambas cámaras, y el PNC se hundió por completo, al quedar
incluso por detrás de aquéllos, con un 2%.
Gobierno de coalición
Pese a ello, en sus primeras declaraciones tras las
elecciones, Iliescu abogó por un Gobierno de coalición para abordar los graves
problemas económicos y políticos y redactar la nueva Constitución de Rumanía.
El PNL y la Unión Húngara parecen los candidatos más firmes a recibir ofertas
del FSN.
Las moderadas referencias a las irregularidades de las delegaciones
oficiales de observadores de los Gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido
contrastan con la dureza de las críticas de la Unión Democristiana Europea y de
las vertidas ayer por la comisión de la Federación de Helsinki para la Defensa
de los Derechos Humanos. Miembros de la federación manifestaron ayer que en
cualquier país europeo occidental gran parte de los votos hubieran tenido que
ser anulados. Las delegaciones oficiales de Parlamentos o Gobiernos
occidentales han negado la existencia de irregularidades o reducido su
importancia.
Observadores en Rumanía consideran que Iliescu como
presidente era la opción clara de la comunidad internacional, a la vista de la
pobreza política de las fuerzas de la oposición. Iliescu y el FSN son, en
opinión de la inmensa mayoría de cancillerías extranjeras en Bucarest, los
únicos garantes de una estabilidad absolutamente necesaria en Rumanía no sólo
para el proceso democrático interno, sino también para toda la región de los
Balcanes.
Los conflictos étnicos en la región, en los que Rumanía está
implicado sobre todo en sus zonas de Transilvania y el Banato, requieren en
Bucarest un Gobierno fuerte y un presidente con autoridad, que Iliescu con su
arrollador resultado podría ser.
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