Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
09.05.90
El encuentro entre el presidente rumano, Ion Iliescu, y
fuerzas de la oposición, el primer intento de diálogo entre el Frente de
Salvación Nacional (FSN) y los grupos democráticos que desde hace dos semanas
protestan contra supuestos intentos del FSN de monopolizar el poder más allá de
las elecciones del 20 de mayo próximo, fracasó ayer antes de comenzar.
Los grupos de oposición se retiraron de la sede del gobierno
tras la rotunda negativa del presidente Ion Iliescu de permitir el acceso de la
prensa al encuentro. Fuentes de Bucarest informaron ayer que ya son 50 los
huelguistas de hambre en la Plaza de la Universidad de la capital rumana que
exigen el veto de candidaturas de ex comunistas a las elecciones. Iliescu
rechazó de plano esta demanda de los manifestantes contra el FSN. Desde hace
quince días diferentes grupos de la oposición al FSN se manifiestan en el
centro de Bucarest en denuncia de lo que califican de intentos del poder
dirigido por Iliescu y el primer ministro Petre Roman por perpetuarse en el
poder e impedir unas elecciones realmente libres y democráticas.
El FSN ha hecho de la televisión rumana, ya un símbolo de la
revolución que derrocó al dictador Nicolae Ceaucescu, un monopolio absoluto.
Unido esto al carisma de Iliescu y a las enormes desventajas de organización e
infraestructura de la oposición con respecto a un FSN que controla un aparato
heredado de la dictadura, prácticamente intacto, despojan a estas primeras
elecciones generales en Rumanía de gran parte de su credibilidad.
Varios miembros de la oposición han sido atacados en sus
actos electorales en las últimas semanas por elementos incontrolados.
Mientras los líderes de los partidos de la oposición
encuentran continuas dificultades para difundir su propaganda electoral,
Iliescu viaja por el país dejándose celebrar como gran artífice de la
revolución contra Ceaucescu.
La ruptura de las conversaciones de ayer y la voluntad
expresa de los manifestantes, apoyados por los partidos de la oposición, de
continuar con su protesta pública, supone una nueva escalada de la tensión
política en Rumanía.
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