Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Bucarest
El País Domingo,
20.05.90
Cinco meses después de la caída de la dictadura más
implacable del posestalinismo en Europa, los rumanos acuden hoy a las urnas en
unas elecciones generales que se celebran en un marco que está muy lejos de
cumplir los ideales de democracia, apertura y tolerancia por los que murieron
en Rumanía centenares de jóvenes en diciembre. En Bucarest continuaba ayer la
manifestación y la huelga de hambre de estudiantes que exigen la depuración de
ex líderes comunistas en el aparato del Estado. Mientras, los observadores
internacionales llegan a Bucarest.
Las delegaciones llegadas a Bucarest para controlar el
proceso electoral han mostrado ya su escepticismo tras haberse entrevistado con
los diversos contendientes y valorar las garantías para un desarrollo
correcto. Declaraciones como las realizadas el viernes por el dirigente del FSN,
Silviu Brucan, manifestando que la revolución no estaba dirigida contra el
socialismo, sino contra Ceausescu, sólo agitan aún más los ánimos de los grupos
de la oposición que acusan al FSN de haberse apropiado de las estructuras de la
dictadura y ven a Iliescu, Roman y otros, tentados por la instauración de un
régimen socialista. "El comunismo no tiene rostro humano" reza una de
las pancartas que dominan la Plaza de la Universidad, ocupada desde hace tres
semanas por los estudiantes.
Ambiente crispado
Un ambiente de crispación y enfrentamiento estuvo a punto de
hacer fracasar en las últimas semanas este primer gran ensayo de democracia
tras cincuenta años de dictaduras, parafascista primero y comunista después.
Las incógnitas están ahora menos en el resultado aritmético que en la
posibilidad de que un gobierno con voluntad realmente democrática se haga con
el poder.
El Frente de Salvación Nacional (FSN), dirigido por el
presidente Ion Iliescu y el primer ministro Petre Roman, es el gran favorito de
las elecciones. Los sondeos, aunque muy poco fiables, le conceden entre un 35 y
un 75% de los votos para la Cámara de diputados.
Iliescu, su candidato para la presidencia, que desempeña
desde la revolución, podrá confirmarse en el cargo con práctica seguridad, si
bien podría necesitar una segunda vuelta el próximo día 3 de junio si no logra
la mayoría absoluta.
El Partido Nacional Liberal (PNL) de Radu Campeanu se
perfila como la segunda fuerza Política con un resultado entre el 10 y el 20%.
Autodeclarado heredero del partido liberal rumano de mismo
nombre, liquidado por los comunistas al llegar estos al poder, ha realizado una
campaña basada en el "reencuentro con Europa" de este país aislado
durante tanto tiempo y en los valores clásicos de la libertad de iniciativa,
propiedad privada y derechos humanos.
El Partido Nacional Campesino (PNC) ha sido la principal
víctima de estos ataques que, según convencimiento de toda la oposición, han
sido protagonizados por miembros del antiguo aparato comunista, hoy integrados
en el FSN.
El Frente ha rechazado enérgicamente toda implicación en
estos incidentes que causaron dos muertos, decenas de asaltos a sedes y
viviendas de militantes de la oposición e incontables palizas a éstos. Su
líder, Ion Ratiu, que al igual que Campeanu retornó a Rumanía de la emigración
tras la victoria de la revolución, es un adinerado empresario en Gran Bretaña
al que la propaganda del FSN acusa de querer "vender Rumanía". Aunque
Ratiu ha demostrado ser un moderado, su edad, falta de contacto con la
subdesarrollada realidad rumana y los viejos militantes de su partido, notorios
derechistas y antisemitas muchos de ellos, han rebajado mucho las expectativas
de voto para el PNC que ya no superan en ningún caso el 10%.
Otros partidos, como el Socialdemócrata, el tercer partido
histórico de la Rumanía de entreguerras, el Ecologista y muchos grupúsculos
surgidos en la confusión de una sociedad sin estructuras al margen de la
"ley de cuadros" del régimen comunista, tienen escasas posibilidades
de contar con una representación parlamentaria que pueda alzarles a cierta
relevancia política.
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