Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
12.11.91
Vukovar y Dubrovnik, ciudades en los dos extremos del
territorio de Croacia -una, ribereña del Danubio, rica en vino y cereales; la
otra, celebérrimo tesoro artístico, meca del turismo en la costa adriática-,
comparten el destino de ser presa inminente del Ejército serbio-federal.
Vukovar, ciudad próspera en su día, con 80.000 habitantes, ha sido ya reducida
a escombros. Dubrovnik, con sus palacios, iglesias y monasterios medievales y
renacentistas, puede correr hoy la misma suerte. La resistencia croata, en sus
núcleos urbanos, asediados desde hace, respectivamente, 70 y 45 días
consecutivos, parece a punto de ser quebrada por la ingente superioridad del
Ejército. Sin agua, electricidad ni teléfono, población y defensores viven bajo
bombardeos y asaltos continuos. En Vukovar, la población no sale de los
refugios desde hace semanas. La situación es ya insostenible.
La pérdida de estas dos ciudades tendría un profundo efecto
sobre la moral de guerra croata. Vukovar se ha convertido, con la tenacidad de
su resistencia, en el símbolo de la lucha croata contra Belgrado, el
Stalingrado croata. Dubrovnik es la joya cultural de Croacia, y su población,
netamente croata e identificada con la lucha de esta república.
No obstante, lejos ha quedado ya el sueño del Ejército
federal y del régimen serbio de un paseo triunfal en su conquista de
territorio croata. Los jóvenes montenegrinos y serbios muertos sólo en estos
dos frentes superan con mucho los cálculos más pesimistas hechos por Belgrado
para toda la campaña en Croacia.
Nadie cree ya en una guerra corta. Difícilmente el régimen
serbio y el Ejército van a poder mantener sus conquistas iniciales. En Serbia,
aún casi intacta por la guerra, musulmanes del Sanchak han dinamitado el
ferrocarril entre Serbia y Montenegro. Bosnia, con un 70% de habitantes no
serbios, se levanta contra la tentación hegemónica de Belgrado. Vukovar y
Dubrovnik son dos batallas iniciales de una larga guerra anunciada.
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