Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Sarajevo
El País Lunes,
04.05.92
Los combates entre el Ejército serbio-federal y las milicias
de Bosnia-Herzegovina se reanudaron ayer en Sarajevo a pesar de la liberación,
a media tarde, del presidente de la república, Alia Izetbegovic, capturado el
sábado, por el Ejército en el aeropuerto, cuando regresaba de la Conferencia de
Lisboa. Esta liberación fue fruto de un acuerdo que permite la evacuación de
las tropas federales acantonadas en el cuartel general del Ejército de Bosnia,
que estaba asediado por los musulmanes.
Tras permanecer 24 horas "secuestrado", según sus
palabras, en el cuartel serbio-federal en Lukavica, a 10 kilómetros de la
capital, Izetbegovic fue liberado gracias a la mediación de representantes de
la fuerza de paz de la ONU.
Cuando el convoy de 25 vehículos en los que viajaban
Izetbegovic y el general Milutin Kukanjac, jefe de la II Región Militar
Yugoslava y máximo representante del Ejército en Bosnia-Herzegovina, abandonó
el cuartel de Lukavica, los últimos nueve camiones fueron asaltados por fuerzas
musulmanas. La milicia musulmana se repartió el material militar que llevaban
los vehículos.
EL EJÉRCITO FEDERAL ANUNCIA REPRESALIAS POR EL ATAQUE AL
CONVOY QUE DEJABA SARAJEVO
El general Kukanjac se
dirigió a la población a través de la televisión poco después del asalto del
convoy en el que las tropas del Ejército federal abandonaron su cuartel
general. "Estoy indignado declaró el general, y añadió "se verán las
consecuencias de este acto".
Si algunos indicios aventuraban que el Ejército no aceptaría
durante mucho tiempo el acuerdo alcanzado por la mañana con la mediación del
representante personal de Lord Carrington en Sarajevo, el irlandés Calm Doyle,
después del ataque del convoy militar se teme que el Ejército utilice cohetes
tierra-tierra contra la ciudad de Sarajevo.
A media tarde el presidente en ejercicio, Eyup Ganic,
miembro independiente en la presidencia, hizo un llamamiento a la comunidad
internacional para poner un freno a "la barbarie demostrada por el
Ejército" durante la dramática jornada del sábado.
A lo largo de todo el día los barrios musulmanes de Butinir
y Sokolovci volvieron a ser objeto de ataques artilleros del Ejército. Desde
los montes del noroeste, llegaban a la ciudad los estruendos de las explosiones
y ráfagas de ametralladora de una batalla entre milicias musulmanas y
voluntarios de diversas milicias serbias llegadas en las últimas 36 horas a
reforzar el cerco a la ciudad.
El cuartel general del Ejército, en pleno centro, se hallaba
totalmente rodeado por fuerzas musulmanas reforzadas por material militar
arrebatado al "enemigo" en la cruenta batalla de Sarajevo del sábado.
A primera hora de la mañana quedaban cadáveres en la calle
sin recoger. Los restos de tranvías y automóviles calcinados y los escombros
bloqueaban algunas de las principales arterias de la ciudad.
Es imposible dar una cifra fiable del número de víctimas, ya
que la mayoría de los irregulares serbios muertos o heridos fueron evacuados
inmediatamente por sus compañeros en helicópteros del Ejército. Sin embargo,
frente a la decena de muertos y más de un centenar de heridos por parte bosnia,
testigos independientes pudieron contar por las calles de Sarajevo no menos de
una veintena de cadáveres de soldados y oficiales yugoslavos. Fuentes de la
defensa territorial bosnia manifestaron que los muertos en "la otra parte
superan el medio centenar" y los prisioneros son cuantiosos.
Numerosos edificios oficiales y viviendas fueron
completamente destruidos durante una batalla de increíble fiereza que se
prolongó desde la una del mediodía del sábado hasta la madrugada del domingo.
Según fuentes de la presidencia de Bosnia-Herzegovina,
varios centenares de guerrilleros de las temidas bandas de Arkan, del diputado
fascista Vojislav Seselj y de las Águilas Blancas, responsables de algunas de
las mayores atrocidades cometidas en ciudades de mayoría musulmana asaltadas
recientemente por fuerzas serbias, avanzaban sobre la ciudad. En llamamientos
por radio, el gobierno pidió la autodefensa de todos los ciudadanos en armas en
los barrios de las laderas periféricas de Sarajevo.
Misión de la CE
Los observadores de la Comunidad Europea (CE) desplazados a
Yugoslavia decidieron ayer suspender sus actividades en territorio de
Bosnia-Herzegovina en protesta por la muerte de uno de ellos, de nacionalidad
belga, que supervisaba la reparación de una central eléctrica en Cula, cerca de
la ciudad de Mostar, cuando ésta fue atacada por el Ejército federal. Caetano
Silva, portavoz de los observadores anunció que la suspensión de sus
actividades será "por tiempo indeterminado", y servirá para
"reconsiderar" la actuación de los observadores en la zona del
conflicto.
La CE expresó ayer su más enérgica repulsa por la muerte del
observador, un día después de que los ministros de Exteriores comunitarios
reunidos en la ciudad portuguesa de Guimaráes, reconocieran a la república de
Macedonia siempre que cambie de nombre.
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