Por HERMANN TERTSCH
El País Martes,
25.02.92
PRIVATIZACIÓN EN EL ESTE
"Nuestra tarea ahora es cerrar, transformar y crear
empresas", declaraba hace días el primer ministro Filip Dimitrov a EL
PAÍS. Realista ante las dificultades de este ingente proyecto, pero con la
tranquilidad de quien sabe que no hay alternativa, Dimitrov, aunque minoritario
en el Parlamento ya que sólo es tolerado por el partido de la minoría
turca (MDL), ha acometido con éxito en los primeros tres meses de su Gobierno
una ambiciosa tarea legislativa para crear un instrumento legal que facilite la
privatización y fomente la inversión extranjera. Como demuestra la numerosa
presencia de empresarios occidentales, ante todo alemanes y austríacos, ésta ya
se muestra receptiva pese a la también proverbial lentitud de decisión del
búlgaro que emerge del socialismo.
El Gobierno comenzó su proceso de liquidación de las
megaindustrias estalinistas partiendo 100 grandes compañías estatales en 800
empresas, quizá así más atractivas o al menos asumibles por potenciales
empresas nacionales, grupos de trabajadores o inversores extranjeros. La
voluntad del nuevo gobierno por liquidar las estructuras estalinistas de la
industria es resuelta. Su éxito está por ver.
Hace pocas semanas, el Parlamento aprobó por fin la ley
sobre inversión extranjera que define un marco muy generoso para el capital
exterior, con facilidades de tipo fiscal y de repatriación de beneficios, así
como garantías contra la expropiación.
En la carrera entre las destrozadas economías de los países
socialistas por lograr inversiones, Bulgaria ya no está en los últimos lugares,
siempre que el Gobierno sepa garantizar la estabilidad que ha tenido hasta hoy
el proceso de cambio.
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