Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
06.04.92
El estallido de los combates en Bosnia-Herzegovina se ha
producido en la víspera de una reunión del Consejo de Ministros de la Comunidad
Europea (CE), hoy en Luxemburgo, de la que muchos esperan el reconocimiento
internacional del país. Los combates en esta república étnicamente mixta han
superado en pocos días las cotas de brutalidad y violencia alcanzadas en
Croacia. La coincidencia entre la reunión de Luxemburgo, la llegada de las
primeras tropas de cascos azules a Croacia y el nuevo estallido de
las hostilidades en Bosnia-Herzegovina y Croacia responde a una lógica que,
impuesta en el proceso de la disolución de Yugoslavia por el presidente serbio
Slobodan Milosevic, éste ya no controla totalmente. La dirección serbia en
Belgrado utilizó con mucho éxito esta alternancia de disposición negociadora
ficticia o real y violencia armada en el conflicto con Croacia.
Fuertes disturbios provocados por miembros incontrolados de
la guerrilla serbia creaban una situación dramática y hechos consumados en el
terreno militar. Después, Belgrado o sus representantes en comunidades serbias
militarizadas, acudían a las negociaciones advirtiendo contra cualquier medida
que no encajara con sus exigencias, blandiendo amenazas de males peores y
violencias más terribles.
Así, Serbia y sus aliados lograron mantener a la CE
paralizada durante seis meses hasta que uno de los miembros de ésta, Alemania,
impuso en Bruselas el reconocimiento de Croacia y Eslovenia. Como había logrado
en Croacia hace un año, Belgrado induce ahora a los serbios en
Bosnia-Herzegovina a la insurrección. Agita temores históricos y la fobia
anti-islámica de la importante minoría serbia en Bosnia-Herzegovina para dificultar
un reconocimiento que dejaría el proyecto yugoslavo de Milosevic reducido a la
mínima expresión de la alianza serbio-montenegrina.
Sin Bosnia, Serbia no contaría con comunicación terrestre
con la región de Krajina en Croacia que Milosevic y otros nacionalistas serbios
más radicales consideran irrenunciable. Con los cascos azules en las
regiones croatas ocupadas por el Ejército federal, no sólo podrían regresar a
sus hogares los croatas y los húngaros expulsados.
También los serbios autóctonos podrían recuperar la libertad
para dar prioridad a sus intereses económicos que los vinculan más con Croacia
que con sus hermanos en una Serbia que se desentendió de sus dificultades
tras intervenir para crearlas.
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