Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Turbe
El País Miércoles,
18.11.92
Intensos combates junto a la histórica ciudad musulmana de
Travnik
El general francés Phillipe Morillon, comandante en jefe de las
Fuerzas de la ONU, no da todavía por fracasado el alto el fuego firmado hace
una semana en Bosnia. Pero los defensores de Turbe, una aldea al norte de
Travnik abandonada en la huida por todos sus habitantes, ya ni sonríen cuando
se les comentan estas operaciones diplomáticas. Desde hace días, la cadencia
de fuego de los cañones y morteros serbios es de apenas unas decenas de
segundos. Antes de que terminen de llover sobre el suelo los cascotes lanzados
al aire por el impacto de una bomba, estalla la siguiente. Ayer, además,
diluviaba.
La infantería serbia se halla ya en la margen izquierda del
río Lasva a 300 metros de las posiciones defendidas por soldados croatas y
musulmanes. No ataca. Espera. Mientras, su artillería machaca sin cesar la
estrecha lengua de territorio que mantienen en su poder las fuerzas bosnias.
Como en Vukovar, en Croacia, como en tantos otros asedios, la infantería serbia
no ataca. "Prefiere esperar lejos del alcance de las pobres armas del
enemigo. Porque cuando se registran combates en los que no pueden utilizar su
superioridad, les dan bien los croatas y los bosnios. Pierden hombres y
material", decía ayer un oficial británico recién llegado de la batalla de
Maglaj, donde croatas y musulmanes infligen graves pérdidas estos días al
ejército de Radovan Karadzic, apoyado por artillería y carros de combate.
El corredor de Turbe a Travnik transcurre por el estrecho
valle del Lasva que también baña esta bellísima ciudad que fuera residencia del
visir de Bosnia bajo el imperio otomano, que el croata Ivo Andric, Premio Nobel
de Literatura nacido allí, evoca con brillantez y cariño en sus novelas.
Las numerosas ruinas que flanquean la carretera demuestran
lo que en Travnik ya saben hasta los niños. Es decir, que Turbe está perdida y
que pronto comenzará el auténtico asedio de la histórica ciudad musulmana, cuyo
preludio son los intermitentes bombardeos sobre el centro.
Las tragedias personales en Travnik son las mismas que se
han repetido en toda la región de Bosnia-Herzegovina hasta la saciedad de
Occidente en atrocidades. Los refugiados, en hospitales o hacinados en
condiciones de insalubridad ya más que insoportables, trágicas, cuentan sus
historias ya sin excitarse ni llorar como sucedía hace unos meses.
Una madre de 30 años cuenta cómo dispararon cuando corría
con sus tres hijos. Mataron a dos de ellos y al menor le destrozaron las
piernas. A ella misma la violaron y después le pegaron tres tiros en el muslo.
Así, sin más explicación. Lo cuenta ya sin emoción, como si todo hubiera sido un
accidente de tráfico. ¿Por qué hicieron eso los soldados serbios? Lógico.
Es musulmana.
Mezquitas arrasadas
Junto a la espectacular Sarena Dzamija, la "mezquita
bordada", llamada así por sus deliciosos arabescos en paredes y frisos,
dos ancianos en un carro tirado por una vieja mula y con una vaca atada en la
parte de detrás, lucha con el viento para extender una lona sobre lo que,
aparte de cuatro nietos, les queda en el mundo: unas colchas, unas mantas, dos
colchones y un viejo fogón de hierro fundido que nadie sabe como pudieron
cargar.
Ella, con su cabeza cubierta por el típico pañuelo
multicolor, sus pantalones bombachos y unas diminutas gafas, da las órdenes.
Antes de que encuentren algún sitio para instalar el fogón, la mezquita puede
haber desaparecido como decenas, si no centenares, en toda Bosnia. En Prijedor,
las cuatro mezquitas han sido convertidas en solares o aparcamientos, y pronto
Radovan Karadzic, el líder de los serbios de Bosnia-Herzegovina, negará que
nunca allí hubiera vivido musulmán alguno.
En Turbe, los soldados escuchaban ayer sin sorpresa que el
Consejo de Seguridad ni siquiera había tratado el levantamiento del embargo de
armas impuesto sobre todas las repúblicas de la antigua Yugoslavia, pero que
sólo afecta a las víctimas. Occidente hoy pretende que en Bosnia es mejor para
la paz que una parte cuente con todas las armas fabricadas y almacenadas por la
antigua Yugoslavia para una guerra contra un enemigo exterior y la otra parte,
con manos vacías, tenga que gastar lo poco que tiene en pagar rifles.
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