Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
03.03.92
Una boda serbia, que, como es costumbre entre muchos pueblos
de los Balcanes, se celebra con profusión de banderas nacionales, puede
convertirse en el detonante de una explosión bélica capaz de sumir a los
Balcanes en un baño de sangre. Como si de un terrible augurio se tratara, se
celebraba a poco más de cien metros del puente de Gavrilo Princip, lugar donde
el joven de este nombre asesinó el 28 de junio de 1914 al archiduque de
Austria, Francisco Fernando, y encendió así la mecha para el estallido de la
Primera Guerra Mundial, en la que sucumbieron millones de seres humanos junto
al viejo orden continental. Eran las cuatro de la tarde. Los contrayentes habían
tenido la extraña idea de celebrar el banquete en un restaurante en pleno
bazar, en la parte vieja de Sarajevo, totalmente musulmana.
Cuando el cortejo entraba en el local con sus banderas y sus
armas, siempre dispuestas para disparar al aire en señal de alegría ,como manda
la tradición, se produjo un enfrentamiento con tres individuos también armados
que después han sido identificados como dos musulmanes y un croata. Hubo varios
disparos. La noticia de la muerte de los serbios corrió como un reguero de
pólvora y sólo tres horas después la comunidad serbia había sacado a todos sus
hombres a las calles fuertemente armados.
Al menos tres musulmanes murieron después por disparos de
estos comandos. Pronto las milicias musulmanas y croatas erigieron sus propias
barricadas para proteger sus barrios e hicieron su aparición en Sarajevo, para
apoyar a sus hermanos de fe, grupos armados de musulmanes del Sanchak de Novi
Pazar, una región de Serbia conocida por la fiereza de sus luchadores y su odio
a los serbios.
Las ráfagas de ametralladoras se adueñaron de la madrugada
del domingo y continuaron durante todo el día. Los ciudadanos de Sarajevo
esperaban ayer la caída de la noche con terror y la práctica certeza de que los
muertos del día anterior no eran sino los primeros.
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