Por HERMANN TERTSCH
El País, Sarajevo,
03.03.92
Miles de ciudadanos de la capital de Bosnia-Herzegovina
desafiaron ayer desarmados la rebelión de grupos armados serbios en las calles
de Sarajevo y lograron, junto a una amplia solidaridad internacional, impedir
por el momento el estallido de una guerra que se presumía inminente. Estos dos
factores impusieron a las nueve de la noche de ayer un pacto que frenaba el levantamiento
armado de parte de la comunidad serbia de Sarajevo contra el voto afirmativo
del referéndum sobre la independencia de esta república ex yugoslava. Sin armas,
hombres, mujeres y niños musulmanes, croatas y serbios urbanos, movidos por la
defensa de la integridad y soberanía de Bosnia-Herzegovina, bajaron de sus
barrios en las laderas de los montes a las riberas del río Miljacka tras
escuchar las noticias sobre la violenta disolución de una manifestación
pacífica por parte de guerrilleros serbios y reservistas del Ejército federal.
Durante la represión murió por disparos de francotiradores una persona y al
menos otras tres resultaron heridas. Los choques étnicos en Bosnia han causado
12 muertos desde el fin de semana.
UN PACTO DEL GABINETE DE CRISIS CON LOS SERBIOS EVITA UN
BAÑO DE SANGRE EN BOSNIA-HERZEGOVINA
El acuerdo del gabinete de crisis
de la presidencia de la república de Bosnia-Herzegovina con el partido serbio
mayoritario, el Partido Democrático Serbio (PDS), logrado cuando el baño de
sangre parecía inminente, dispuso el levantamiento de las barricadas que
durante veinticuatro horas dejaron acorraladas y prisioneras a Sarajevo y otras
ciudades de Bosnia-Herzegovina. Aunque las ráfagas de ametralladora seguían
oyéndose esta madrugada en Sarajevo, el peligro crítico del estallido inmediato
de la guerra parecía neutralizado al menos por el momento. La república central
yugoslava en que conviven musulmanes y serbios y croatas, se hallaba a media
tarde al borde de una guerra interétnica total tras la insurrección serbia
contra el voto favorable a la secesión de Yugoslavia en el referéndum celebrado
durante el fin de semana. Sarajevo quedó paralizada y cercada por barricadas
defendidas por serbios fuertemente armados después de que en la tarde del
domingo se produjeran varios enfrentamientos armados entre miembros de esta
comunidad y musulmanes bosnios con un balance de al menos cuatro muertos. Tras
una noche de violentos tiroteos ayer la ciudad amaneció prácticamente desierta
en la que un sepulcral silencio era interrumpido con frecuencia por ráfagas de
ametralladoras.
Conflicto interétnico
"Temo que ya es tarde para evitar una guerra
interétnica y religiosa", declaraba ayer el líder de la rebelión, Radovan
Karadzic, desde Belgrado, donde se hallaba con su mentor, el presidente de
Serbia, Slobodan Milosevic. Karadzic amenazó también a la comunidad internacional
con que "cualquier tipo de reconocimiento de la independencia de
Bosnia-Herzegovina haría arder Yugoslavia, haría arder los Balcanes".
También llegaron a Sarajevo noticias alarmantes sobre los
primeros enfrentamientos directos entre musulmanes y serbios en Bihac y las
ciudades de Doboj y Foca se hallaban también cercadas por grupos armados de
serbios. Todas las partes implicadas coinciden en que la guerra en
Bosnia-Herzegovina sería un baño de sangre de inconcebibles dimensiones en
Europa y haría parecer a la cruel guerra en Croacia como una mera riña juvenil.
Grupos armados de serbios por un lado y musulmanes y croatas
por el otro patrullaron ayer sus barrios en Sarajevo en estado de gran
excitación. Comandos musulmanes anunciaban su decisión de "limpiar
Sarajevo" de las barricadas serbias si estas no habían sido levantadas al
caer la noche.
La presidencia de Bosnia-Herzegovina reunida en sesión de
emergencia hizo un llamamiento a la calma y la convivencia pacífica y anunció
su voluntad de perseguir a los autores de la muerte de dos serbios en una boda
el domingo que fue el detonante de la insurrección.
El Partido Democrático Serbio, mayoritario entre los
serbios, emitió, sin embargo, poco después un ultimátum con un catálogo de
condiciones que fue calificado de "práctica declaración de guerra"
por los observadores y miembros de la mayoría musulmana. En él pedía la paralización
de todo paso hacia la independencia en favor de la cual votó en referéndum en
torno al 60% del censo, según resultados aún provisionales.
El rayo de esperanza a que se aferraban ayer los ciudadanos
de Sarajevo estaba en la reacción internacional contra el levantamiento, con la
consiguiente presión sobre el presidente serbio Slobodan Milosevic y su
obediente líder en Bosnia, Radovan Karadzic, así como en la dura crítica al
levantamiento serbio por parte de Miodrag Kukarijac, comandante en jefe del
ejército serbio-federal, en la segunda región militar que es Bosnia, que lo
calificó de "puro bandidismo". Esto ya parecía indicar que el
ejército no se uniría a las fuerzas serbias como hicieron en la similar
rebelión de los serbios en Croacia.
Los líderes del levantamiento serbio exigían además la
disolución del gabinete de crisis de la presidencia, el cese de los
responsables del Ministerio del Interior y de la televisión y la detención de
los responsables del incidente en la boda que, según el PDS, están siendo protegidos
por las autoridades.
Reforma ministerial
Finalmente, las barricadas fueron levantadas gracias a un
acuerdo según el cual la presidencia otorga un canal de televisión al PDS y
reformará el Ministerio del Interior, pero omite toda referencia a la suspensión
de todos los pasos hacia la independencia exigida por el PDS horas antes.
Los observadores internacionales fueron evacuados por aire a
Belgrado en una operación dirigida por el Ejército federal. "La situación
es muy tensa, pero nadie debe intentar salir atravesando las barricadas de
gente armada, sería un suicidio", había advertido ayer el jefe de la
misión comunitaria en Bosnia-Herzegovina, el irlandés Colm Doyle.
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