Por HERMANN TERTSCH
El País, Komarno,
05.06.92
Más de diez millones de checos y eslovacos con derecho a
voto están convocados hoy y mañana a las urnas para decidir la composición de
las cámaras de las repúblicas checa y eslovaca y del parlamento federal. Poco
más de dos años después de la caída del régimen comunista de Praga, uno de los
más represivos del Pacto de Varsovia, estas segundas elecciones democráticas
ponen en juego la propia existencia del estado federal.
Los comicios también decidirán el futuro político del jefe
del Estado, Vaclav Havel, que se presentará a la reelección en el nuevo
Parlamento pero a quién tanto la izquierda comunista como el bloque
nacionalista eslovaco, ya han anunciado que negarán el voto. La última
intervención de Havel el pasado martes en televisión, pidiendo el voto para los
partidarios de las reformas rápidas y la unidad del Estado checoslovaco, y en
contra de populistas y demagogos, ha sido interpretada como un claro apoyo a la
opción del ministro de Finanzas Vaclav Klaus, dirigente del Partido Democrático
Cívico (ODS), e irritado aún más a las fuerzas eslovacas nacionalistas. Todos
los sondeos indican que en Eslovaquia vencerá el Movimiento para una Eslovaquia
Democrática (HZDS) de Vladimir Meciar, un populista que ha basado su campaña en
ataques a Praga por su política económica; en demandas de plena soberanía para
Eslovaquia y en ataques a la minoría húngara que habita una larga franja de
esta república a lo largo de la frontera con Hungría.
En la república checa compuesta por Bohemia y Moravia se
prevé una victoria del ODS de Klaus, un ultraliberal partidario de la terapia
de choque en el terreno económico, que Meciar y una amplia mayoría en Eslovaquia,
rechazan. En esta república se espera un voto muy fraccionado que hará aún más
difícil, que hasta ahora, una mayoría estable.
El triunfo de los dos favoritos, Klaus en Bohemia y Moravia
y Meciar en Eslovaquia puede acelerar una secesión -ya existente en el terreno
económico- que amenaza con convertirse en un nuevo foco de desestabilización en
Europa central.
En estos dos años se ha abierto una brecha en las economías
de las dos repúblicas. Eslovaquia se ha visto durísimamente afectada por las
reformas que ponen en peligro su industria pesada, armamentista y minera.
Mientras tanto, el 95% de las inversiones extranjeras habidas en el Estado
desde la caída del régimen comunista, han ido a Bohemia y Moravia.
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