Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Sarajevo
El País Lunes,
15.06.92
GUERRA EN LOS BALCANES
El asedio a Sarajevo puede haber entrado en su recta final
tras confirmar el general canadiense Louis Mackenzie, comandante de los cascos
azules, el acuerdo para una próxima apertura del aeropuerto y para que las
fuerzas sitiadoras serbias permitan la entrada en la ciudad de parte de un
convoy de camiones con ayuda humanitaria francesa. Sin embargo, los combates
prosiguieron ayer en varios frentes y también en Sarajevo.
Granadas de mortero y de cañón de 105 mm cayeron ayer en
numerosas partes de la ciudad y especialmente en la zona del hospital de Kosevo
y del cuartel general de la Defensa Territorial de las fuerzas gubernamentales.
También surgieron ayer problemas al negarse la presidencia bosnia a negociar
con los dirigentes del Partido Democrático Serbio, liderado por Radovan
Karadzic, a los que considera terroristas, e insistir en tratar con los mandos
del Ejército serbio. Desde la ciudad de Tuzla llegaban a la capital alarmantes
noticias sobre un nuevo bombardeo de la planta química HAK, que almacena
grandes cantidades de cloro y mercurio. Un eventual escape de gases puede
suponer una grave amenaza para la vida de más de 150.000 habitantes de toda la
región.
El general Mackenzie declaró ayer a EL PAÍS que ambas partes
han aceptado el plan de la ONU para abrir el aeropuerto y manifestó su
"cauta esperanza" en poder recibir, "si todo es perfecto",
los primeros vuelos con ayudas a partir de principios de la semana próxima.
Según señaló, su encuentro con el general del Ejército serbio en Bosnia, Ratko
Mladic, "ha abierto realmente oportunidades".
Poco después, la agencia Tanjug confirmó que Hasan Efendic,
por la defensa territorial bosnia, y Nikola Koljevic, por las fuerzas serbias,
firmaron por separado en el cuartel general de las fuerzas de la ONU un alto el
fuego que debía entrar en vigor hoy a partir de las 06.00 hora española, y que
permitirá la reapertura del aeropuerto de la capital bosnia.
"El aeropuerto de Sarajevo es una cuestión práctica
para aliviar la desesperada situación de sus gentes, pero también simbólica. Si
funciona este acuerdo puede que logremos extenderlo a otros campos",
declaraba horas antes el general Mackenzie.
Las fuerzas bosnias aún veían ayer con extrema incredulidad
la disposición de las fuerzas sitiadoras a abrir el aeropuerto y poner fin al
infierno en que viven casi 400.000 personas en la capital del Estado más joven
de Europa. Sin embargo, algunos tenían la esperanza de que Belgrado, bajo la
grave presión de las sanciones y el aislamiento, haya forzado al líder de las
fuerzas serbias en Bosnia, Radovan Karadzic, a poner fin al sitio.
Las tensiones internas en Serbia, donde muchos consideran
probable el estallido de una guerra civil, también podrían ser factores
favorables para el fin del asedio. La llegada de varios camiones de ayuda
francesa a Sarajevo después de haber estado bloqueados una semana por la
milicia serbia era ayer otro indicio en este sentido.
Especialistas franceses acudieron ayer al aeropuerto, aún
en manos de las fuerzas serbias, para realizar una inspección técnica, tras la
que su sorprendente diagnóstico fue que se encuentra en un "estado
excelente", aunque precisaron que hoy lo revisarían de nuevo.
Evitar malentendidos
Ambas partes han enviado oficiales de enlace al cuartel
general de las fuerzas de la ONU (UNPROFOR) y éstas han destacado también
oficiales al cuartel del Ejército serbio y a la presidencia de la república.
"Se trata ante todo de evitar malentendidos en esta fase tan
delicada", declaró Mackenzie.
Con el alto el fuego firmado ayer, se supera la primera fase
del plan de pacificación de Mackenzie, cuya aprobación debatirá posiblemente
mañana el Consejo de Seguridad en Nueva York. La siguiente fase sería la
concentración de toda la artillería, misiles y ametralladoras pesadas en varios
puntos para que su uso pueda ser fiscalizado por oficiales de las fuerzas de
Mackenzie. En caso de que esta concentración se pusiera en marcha, partiría
rumbo a Sarajevo un batallón canadiense con cerca de mil hombres, tanquetas y
armamento semipesado, que se halla en la ciudad croata de Daruvar.
Este batallón estaría encargado de proteger el aeropuerto y
los corredores por los que sería distribuida a la población de ambas partes la
ayuda humanitaria que aguarda en Zagreb en manos del Alto Comisariado de las
Naciones Unidas para Refugiados.
El general Mackenzie expresó sus temores a que grupos de
guerrilleros serbios actúen por su cuenta contra las fuerzas de la ONU
"por interpretar que hemos tomado el aeropuerto por la fuerza y nos tomen
por una fuerza de ocupación".
Sin embargo, señaló que "Karadzic intenta tomar el
control de su gente y ha anunciado que todas las fuerzas que no están bajo el
mando del general serbio Mladic serán declaradas ilegales y desarmadas".
En todo caso, una vez tomado el aeropuerto por los cascos azules, éstos
lo defenderán con las armas frente al intento de tomarlo de cualquiera de las
partes.
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