Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Zagreb
El País Jueves,
21.11.91
Niños de seis y siete años han enloquecido. A uno se le ha
quedado el pelo blanco del miedo pasado durante los tres meses bajo la lluvia
diaria de bombas que cayó sobre la ciudad croata de Vukovar. Muchos menores de
10 años donaron sangre tres y cuatro veces durante el bloqueo. Tres días
después de la caída de la ciudad en poder del Ejército, los sufrimientos que
relatan los supervivientes conmocionan Croacia. Vukovar ha marcado una nueva
cota de violencia y sufrimiento en esta guerra, pero pocos dudan de que también
ésta será superada.
Ayer, mientras los guerrilleros serbios con sus banderas
negras aún celebraban su victoria en Vukovar con aguardiente y viejos himnos,
el Ejército lanzó un intenso ataque artillero contra Osijek y reanudó los
bombardeos sobre Zadar, en Dalmacia, y las defensas de Sisak, en Banija.
[Las
tropas federales entraron anoche en uno de los suburbios de Dubrovnik, donde en
presencia de observadores de la CE las fuerzas croatas empezaron a entregar sus
armas, informa France Presse.]
Steibo Busic, miembro del comité de crisis de
Vukovar, acudió ayer al Parlamento en Zagreb para, ante varios periodistas
croatas y extranjeros, acusar al Gobierno y a Europa de pasividad frente a la
larga tragedia de Vukovar: "No sé si la sangre de tantas víctimas caerá
sobre la cabeza de este Gobierno o de Europa. No podemos creer ya en
Europa".
Para algunos de los heridos y detenidos tras la caída de la
ciudad, el infierno vivido pudiera no ser más que el principio de sus
desgracias. El Gobierno croata denunció ayer que fuerzas serbias habían
trasladado a paradero desconocido a varios heridos del hospital, tras haber
expulsado al representante de la Cruz Roja Internacional (CRI). Según los
acuerdos firmados en presencia de los representantes de la Comunidad Europea,
la CRI debe supervisar la evacuación de los cerca de 500 heridos y de los
civiles.
El portavoz de la CRI, Pierre-André Conot, confirmó que sus
delegados habían sido obligados a abandonar el hospital el martes, y ayer,
cuando llegaron, ya no tenían listas de los heridos. Los temores a que grupos
guerrilleros ajusticien a sus prisioneros aumentaron tras la publicación de los
resultados de una comisión comunitaria solicitada por Belgrado que acusaba a la
Guardia Nacional de matar a civiles serbios en Papuk, en Eslavonia occidental.
La comisión estableció que fue la guerrilla serbia la que
torturó y mató a civiles croatas y de la minoría checa.
El coronel Agotic, negociador con el Ejército por parte
croata, acusó a las Fuerzas Armadas federales de no cumplir la Convención de
Ginebra y expresó su temor por la suerte de aquellos combatientes y civiles que
han caído en manos serbias en sitios o momentos en los que no hubiera presencia
de prensa y observadores occidentales.
Lleno de amargura, Busic, el ciudadano de Vukovar que logró
huir en los últimos días del asedio, acusó al viceprimer ministro Granic y al
responsable de la Guardia Nacional, Imra Agotic, de "hacer estadísticas y
negociar con el Ejército mientras en Vukovar se pasa a cuchillo a la
gente".
Los 500 heridos hacinados en los sótanos del hospital
destruido se repartían estos días el agua con cucharas. La disentería y la gangrena
son el principal problema entre los heridos en Vukovar.
Por otra parte, fuentes diplomáticas españolas anunciaron
ayer el inminente envío a Yugoslavia de 19 militares y 12 vehículos todoterreno
en misión de apoyo a los observadores de la Comunidad Europea destacados en el
país balcánico. La expedición española partirá el lunes próximo, informa la
agencia Efe.
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