Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Zagreb
El País Miércoles,
20.11.91
Croacia retiró ayer a su representante, Stipe Mesic, de la
presidencia colectiva del Estado federado que oficialmente aún presidía. En
realidad, desde su nombramiento, Mesic nunca pudo ejercer. Tampoco lo ha hecho
la jefatura del Estado colectiva que dejó de existir cuando comenzaron a
reunirse, por un lado, los cuatro miembros del bloque serbio y, por otro, las
cuatro repúblicas que se enfrentan al mismo, Eslovenia, Croacia,
Bosnia-Herzegovina y Macedonia.
La presidencia que aún se califica como tal, compuesta por
Serbia, su aliado Montenegro y los dos votos de las provincias serbias Kosovo y
Voivodina, es una junta que ha integrado en la misma al alto mando militar y se
arroga la representación de un Estado que ya no existe. La dimisión de Mesic,
la destitución del primer ministro Ante Markovic y su sustitución por un
servidor del presidente serbio, Slobodan Milosevic, rompen la última frágil
ficción de la existencia del Estado yugoslavo.
La llamada Yugoslavia ya no cumple las condiciones para ser
reconocida internacionalmente, ni tiene un territorio definido ni órgano alguno
de gobierno en función. La primera consecuencia será que algunos países, con Austria
y Hungría a la cabeza, cancelarán su reconocimiento de la federación y de sus
embajadas, que desde hace tiempo son representaciones de la junta que gobierna
en Belgrado.
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