Por HERMANN TERTSCH
El País, Bihac,
02.08.92
La ciudad bosnia desafía el ultimátum serbio pese a los
horrores de la guerra
"Más de mil hombres estaban encerrados en el campo de
fútbol de Sanki Most con las cabezas tapadas por bolsas de plástico. Hacía un
calor sofocante. Dos días después, el estadio estaba vacío. No tenemos idea de
dónde han acabado". El testimonio del miembro de una organización
internacional humanitaria que ha trabajado en el noroeste de Bosnia, ocupado
por fuerzas serbias, aterroriza incluso a oyentes ya tan avezados en el horror
como los habitantes de Bihac. Proyectiles de todo calibre a cualquier hora
desde que comenzaron los bombardeos, el 12 de junio, asesinatos y
desapariciones en pueblos cercanos y la continua amenaza de "rendíos y
emigrad u os matamos" han marcado a las gentes de esta otrora plácida
ciudad en las ricas tierras del bello altiplano bosnio.
Aislada, sin comida, teléfonos, prensa, otra televisión que
la enemiga cuando hay electricidad, desafía el ultimátum serbio que exige la
entrega de armas y la sumisión a la política de limpieza étnica de aquellos
territorios. Más de 300.000 musulmanes se encuentran en esta bolsa de 30
kilómetros de diámetro rodeados por la guerrilla serbia de Radovan Karadzic. Bihac
tiene 70.000 habitantes, un 76% de ellos musulmanes y un 8% croatas, pero,
según Stevo Beslac, lugarteniente de Karadzic en esta región, "es una
ciudad serbia que será tomada por las buenas o por las malas". Mientras el
mundo concentra su atención en Sarajevo, en Bihac y en la cercana Velika
Kladusa, los niños recién nacidos han comenzado a morir por falta de alimentos
apropiados, y en el hospital se acaba el oxígeno, la anestesia y otros
fármacos.
Los niños recién nacidos son los primeros en morir. Van
nueve. Los desesperados padres les dan mezclas de agua con las sobras de la
escasa comida para los adultos que distribuyen las cocinas públicas instaladas
en la ciudad. "Estas comidas les hunden el sistema de inmunidad",
señala Irfan Ljuhjankic, médico y presidente de la asamblea del distrito de
Bihac. "Aún no hemos tenido una muerte de lactantes de este tipo, pero los
niños están muy débiles", dice el médico mientras pasea frente al hospital
protegido por sacos terreros y tablones de madera de las granadas que han
marcado sus dentelladas en las fachadas. "Operamos en la planta baja, es
algo más segura".
Heridos y cañones
Desde los tejados del hotel MB, los prismáticos permiten
observar las idas y venidas de los responsables de la desgracia de los 70
heridos que cuidan Ljubjankic y su equipo de 77 médicos, algunos serbios. En
Grabez, a poco más de tres kilómetros, los serbios tienen su cuartel general
con el depósito de armamento y munición del X Cuerpo del Ejército yugoslavo.
Los cañones de algunas piezas artilleras se ven con nitidez en los claros del
bosque de hayas y robles al sureste de la ciudad.
"Tienen allí munición para bombardear Bihac durante
años", asegura el comandante Jaider, de Bangladesh, observador de las
Naciones Unidas en la ciudad. Según dice, estas posiciones serían fáciles de
destruir desde el aire. "Sin problema". Pero le ha llamado la
atención la convicción de las fuerzas serbias de que no habrá una intervención
militar de la comunidad internacional para ponerles freno.
"Anteayer vino el alcalde de Bosanski Krupa, tomada por
los serbios, con una lista de 3.000 musulmanes a evacuar", dice Jaider. De
Bosansko Petrovac piden también la evacuación de varios miles de musulmanes. De
Vakuv han llegado ya miles a Bihac. Unos 50.000 refugiados se han unido a los
250.000 habitantes de la región para compartir las privaciones y las bombas.
Sus casas en las zonas orientales de Bosnia septentrional han sido ya
destruidas previo saqueo preceptivo del que paga Karadzic a sus voluntarios por
la causa serbia. Otras han sido adjudicadas a serbios de otras zonas obligados
por la gente de Karadzic a abandonar sus ciudades de población mixta.
Serbios y musulmanes
En Cazin, una ciudad a pocos kilómetros al norte de Bihac,
viven unos 64.000 musulmanes y 184 serbios que se niegan a abandonar la ciudad
pese a las advertencias de la guerrilla serbia, que los tacha de traidores. La
ciudad, por supuesto, es "profundamente serbia" para estos líderes de
lo que Ljubjankic llama "el nuevo fascismo, del 'ein Volk, ein Reich, ein
Führer` (en alemán, "un pueblo, un imperio, un caudillo").
El médico vio hace unas semanas los cadáveres de cinco niños
menores de nueve años despedazados por una granada lanzada desde Grabez.
"Seremos como Suiza", dice Karadzic cuando explica sus planes para
crear guetos por criterios de raza en toda Bosnia.
"Es una idiotez criminal, pero puede que se convierta
en realidad si no hay intervención militar extranjera. Tres de mis cinco
hermanos están casados con serbios. Bosnia es una mezcla única en el mundo y,
en nombre de Dios, tenemos que protegerla contra aquellos que quieren condenar
a todas las razas a vivir en estos guetos", dice Ljubjankic, quien asegura
que a él y a muchos sólo los sacarán de Bihac muertos.
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