Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
31.03.92
El orden en Albania estaba basado en el terror al Estado y
ha desaparecido con éste. Con la aparición del tráfico privado, las carreteras
albanesas, que no merecen tal nombre, son escenario de sangrientos accidentes
entre viejísimos vehículos occidentales, en su mayoría vendidos o prestados por
parientes de la región yugoslava de Kosovo a conductores que, salvo
excepciones, ni tienen carnet ni jamás dieron una clase. Se salen de la
carretera, chocan frontalmente o atropellan a transeúntes que en estas ciudades
sin aceras siempre han caminado y charlado en las calzadas. Los albaneses han
tenido siempre una relación cuasi fetichista con las armas. Ahora, todos van
armados por miedo o con intenciones poco honrosas. "Por la noche es peligroso
moverse por Tirana, y casi un suicidio moverse por las carreteras. "Tenemos de
nuevo el bandidaje", dice Bashkim.
También ha resurgido la ancestral Hakmaria, la venganza de
sangre que en siglos pasados segaba la vida de casi una tercera parte de la
población adulta masculina. Los clanes cuyo honor ha sido manchado por el
asesinato de uno de sus miembros o por una afrenta deben vengarse matando a un
miembro del clan del ofensor, según el código de honor medieval de Leka
Dukadjnini. En los últimos meses han muerto decenas de personas, sobre todo en
el norte del país, a manos de asesinos a cuyo clan "debía sangre" la
familia de la víctima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario