Por HERMANN TERTSCH
El País Lunes,
30.03.92
TRIBUNA: ANÁLISIS
El anuncio por Washington de un próximo reconocimiento
internacional de todas las repúblicas ex yugoslavas en sus fronteras oficiales,
hecho por el secretario de Estado, James Baker, pone fin a un largo periodo de
inactividad norteamericana en la crisis de los Balcanes. Supone además un giro
en la política norteamericana, que abandona su defensa obstinada de la antigua
federación de Yugoslavia. Esta apuesta de Washington por el unitarismo bajo
hegemonía serbia animó sin duda en junio de 1991 al primer ministro yugoslavo
Ante Markovic y al Ejército a emprender la operación militar en Eslovenia y
Croacia que supuso el estallido de la guerra. También hizo albergar a Belgrado
esperanzas de poder contar con el beneplácito de la gran potencia para sus
planes de creación de una Gran Serbia. Lo que indujo a Belgrado a bloquear las
propuestas de Croacia y Eslovenia para crear una confederación de las seis repúblicas
yugoslavas.
La enmienda de esta política va acompañada además de una
firme apuesta por el respeto de las fronteras oficiales de todas las
repúblicas, y refuerza así la posición en el mismo sentido expresada por la
Comunidad Europea.
El reconocimiento de Croacia y Eslovenia por la CE no ha
relanzado la guerra como amenazaban a la comunidad internacional los
adversarios de esta medida en Belgrado y otras capitales. Por el contrario, ha
creado las condiciones para el despliegue de los cascos azules y ha dificultado
así considerablemente el rebrote de las hostilidades.
El respeto internacional a todas las fronteras debe tener el
efecto de disuadir a Serbia y Croacia de aventuras expansionistas a costa de
Bosnia-Herzegovina. La comunidad internacional deberá asimismo dejar claro ante
Belgrado que la presencia de los cascos azules no ratifica la ocupación de
Eslavonia y Banija por el Ejército serbio-federal y que mientras ésta se
mantenga, Serbia será discriminada. El caso de la Krajina, donde existe realmente
una mayoría serbia, será negociable si se mantiene la paz.
Por otra parte, Croacia y Serbia, ahora en régimen de
igualdad, pero también Macedonia cuando acceda al reconocimiento, deberán
demostrar con hechos y leyes su absoluto respeto a las minorías. Éstas son:
serbia en el caso de Zagreb, albanesa y húngara en el de Belgrado y albanesa en
el de Skopje. En caso contrario, sus dirigentes deben saber que condenan a sus
Estados a la condición de parias en el concierto internacional europeo.
Respeto a las minorías y a las fronteras son los dos
fundamentos de una paz en los Balcanes que, en el mejor de los casos, seguirá
siendo frágil. Sin embargo, está más cerca ahora que cuando Estados Unidos y
gran parte de los países comunitarios apoyaban -con su defensa de la
fantasmagórica Federación de Yugoslavia- a las fuerzas más agresivas de la
región con sede en Belgrado.
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