Por HERMANN TERTSCH
El País, Tirana,
26.03.92
ENTREVISTA
Presidente del Partido Democrático de Albania
"Lucharé
por una transición democrática en Albania que siga el ejemplo de reconciliación
de la española. Creo que es el ejemplo a seguir. No podemos permitirnos odios y
venganzas. Sali Berisha, presidente del Partido Democrático, está exultante con
su rotunda victoria en las elecciones del pasado domingo, pero decidido a que ésta
no lleve a una persecución de los comunistas que compita en crueldad con la que
éstos ejercieron. En la modesta sede de su partido recibe a EL PAÍS tras
despedir a una delegación de la policía de Tirana que le pedía apoyo para
frenar la criminalidad que devasta el país tras la descomposición de los
órganos represivos del viejo régimen.
Sali Berisha, cardiólogo de 48 años, nacido en Tropoja, en
la alta montaña del norte de Albania, es el nuevo hombre fuerte, y con seguridad
el primer presidente democrático de este pequeño país adriático que emerge de
cinco décadas de un terror comunista sin parangón en toda Europa. Vanidoso y
egocéntrico según los críticos que tiene también en su propio partido, pero
inmensamente popular, ha demostrado una gran habilidad, rapidez e inteligencia
en los últimos dos años para construir un partido de la nada y demostrar a los
albaneses que hay alternativa al miedo y a la miseria que han sufrido. Tuvo
carné del Partido del Trabajo (PTA, comunista) como todo aquel en Albania que
quiso estudiar y hacerse con las migajas de cultura que dejaba penetrar el
régimen en el país, pero es de las personas que parecen sufrir menos las taras
psicológicas que la humillación cotidiana ha infligido a la población de
Albania. "La dictadura de Franco no fue ni de lejos tan feroz como la de
Enver Hoxha en Albania. España no se aisló del mundo. La nuestra ha sido una
tragedia sanguinaria que debemos superar ahora todos juntos. Confío en
lograrlo, porque tengo confianza en la sabiduría y prudencia de nuestro pueblo.
Tenemos que aprender del ejemplo español, porque en esto es el mejor del
mundo", señala.
Ajeno a la 'nomenklatura'
Berisha, cabrero en su infancia, de familia campesina, es el
primer líder de Albania que no procede de la cerrada nomenklatura creada
en este país en torno a Enver Hoxha y los más fanáticos comunistas que en las
brigadas partisanas hicieron la guerra a italianos, alemanes y a su propio
pueblo. Es consciente de que las expectativas de su pueblo son grandes y
difíciles de satisfacer en un país virtualmente en ruinas como el que ahora
hereda. "Nos vamos a esforzar por no decepcionar", dice. "La
frustración y la desesperación serían muy peligrosas para la democracia. Lo
primero ahora es restablecer el orden y poner fin al caos y a la anarquía que
dominan el país".
Con la anunciada nueva Constitución que, con más de dos
terceras partes de los escaños del Parlamento, su partido podrá redactar sin
problemas, Berisha considera prioritaria esta reinstauración de la ley.
"En primer lugar debemos organizar las elecciones locales. Serán en uno o
dos meses como máximo. El poder municipal jugará un papel vital en restablecer
el orden".
Respecto a Ramiz Alia, el sucesor del dictador Enver Hoxha
que, aunque heredero e íntimo colaborador de éste, aún es presidente de la
república, Berisha se niega a especular sobre su posible encarcelamiento o
exilio, y vuelve a referirse a la reconciliación nacional española. "Será
el Parlamento el que decida su futuro. Como dije, soy partidario del ejemplo
español y contrario a todo enfrentamiento y venganza".
El líder de la nueva Albania niega que su país se esté
convirtiendo en una cabeza de puente de Estados Unidos en los Balcanes como
sugieren los estrechos contactos de su partido con la Embajada norteamericana
en Tirana y el Departamento de Estado. "Tenemos muy buenas relaciones con
EE UU y estamos muy ligados a él. Nos ha ayudado mucho en este periodo, y lo
agradecemos. Pero también nos ayudó Europa occidental, y no lo olvidamos.
Además Albania es un país europeo, y nuestra vocación y nuestro destino están
en la Europa democrática. Nuestra prioridad será siempre Europa. Albania
necesita ahora ayuda para reconstruir este país destruido, y esperamos la
europea, también la española. Necesitamos ante todo ayuda económica y técnica
para poner en movimiento este país arruinado".
Berisha anunció nada más conocerse los primeros resultados
que la nueva Albania otorgará la ciudadanía de este Estado a todos los
albaneses allá donde estén. Esta medida podría aumentar el siempre latente
peligro de enfrentamiento con los vecinos, especialmente con Serbia, donde
viven, bajo una dura represión de Belgrado, más de dos millones de albaneses,
casi tantos como en la propia Albania.
Berisha, cuya mujer es de un clan albanés de Kosovo, no
comparte estos temores. "Vamos a defender los derechos humanos y
nacionales de los albaneses en Kosovo y de las tierras albanesas en Yugoslavia.
Haremos todo lo posible para que, de acuerdo con los principios de Helsinki y
la Carta de París, disfruten del derecho de autodeterminación. Plantearemos el
problema de Kosovo y la cuestión nacional albanesa en los organismos
internacionales".
"Yo no sufro de ningún síntoma de nacionalismo, pero
esta cuestión debe resolverse con justicia", añade el dirigente. "Europa
debe contribuir a solucionar esta cuestión, y yo tengo mi confianza puesta en
Europa. Albania actuará con firmeza para ser la patria de todos los albaneses,
una patria justa y democrática. No queremos provocar a nadie, pero no vamos a
negar a nuestros hermanos albaneses sus derechos en Kosovo ni en ninguna otra
parte del mundo".
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