Por HERMANN TERTSCH
El País, Ginebra,
17.12.92
El presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, y el jefe de la
guerrilla serbia, Radovan Karadzic, están, entre otros, en la lista de
presuntos criminales de guerra que Estados Unidos quiere ver juzgados en un
tribunal internacional "igual al de Núremberg", según anunció ayer en
Ginebra el secretario de Estado norteamericano, Lawrence Eagleburger. Esta agresividad
verbal no tuvo, en cambio, reflejo alguno en los resultados de la conferencia
sobre la guerra en la antigua Yugoslavia, que finalizó dando, en palabras del
copresidente de la misma lord Owen, "una oportunidad más a la salida
negociada".
El Departamento norteamericano de Estado presentó ayer ante
la conferencia sobre la guerra en la antigua Yugoslavia, en la que participaron
los ministros de Exteriores de 29 países, una lista de nueve asesinatos en masa
concretos cometidos todos por fuerzas serbias en Bosnia. En la lista de
criminales de guerra a perseguir, Eagleburger citó a seis serbios, dos croatas
y un musulmán. Tres de los serbios son candidatos a la presidencia de Serbia.
Se trata de Milosevic, del líder fascista parlamentario Vojislav Seselj y del
delincuente común y jefe guerrillero Zeljko Raznjatovic, alias Arkan. Entre
los otros, destaca Radovan Karadzic, jefe de las milicias serbias en
Bosnia-Herzegovina.
Por su parte, el Gobierno francés se muestra partidario de
dar un paso más en la presión internacional contra Serbia. El primer ministro
galo, Pierre Bérégovoy, en una intervención ante el Parlamento de su país dijo:
"El Gobierno no descarta el uso de la fuerza si no se encuentra una
solución que ponga fin a las masacres", y añadió: "Hemos pedido al Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas adopte las medidas necesarias para permitir
la visita de los campos de prisioneros y llegado el caso el uso de la fuerza
para cerrarlos".
La conferencia confirmó con pleno consenso la necesidad de
establecer un tribunal internacional para juzgar a los responsables de los
innumerables crímenes cometidos en la guerra, especialmente en Bosnia. También
existió consenso en la decisión de reforzar las sanciones contra Serbia y
Montenegro y en la advertencia a Belgrado, por medio de una resolución de la
ONU, de que cualquier incremento de la represión en Kosovo será considerada
como una amenaza para la paz y por tanto tendrá una decidida respuesta.
La conferencia se mostró partidaria de aplicar un control de
vigilancia militar de la prohibición de vuelos militares sobre Bosnia, si bien
los países con tropas desplegadas sobre el terreno en esta república, entre
ellos España, exige un análisis previo sobre la forma en que esta decisión
afectará a la situación de sus fuerzas en la zona, por posibles represalias,
así como a la dístribución efectiva de la ayuda.
Estados Unidos fue, con Turquía y otros participantes, quién
asumió la idea de un posible levantamiento del embargo de armas a Bosnia para
permitir a este estado miembro de la ONU reducir en alguna medida su
inferioridad en armamento frente a las fuerzas serbias.
Mantener el embargo
Sin embargo, la mayoría de los participantes, entre ellos
los dos copresidentes de la Conferencia, el británico Lord Owen y el
norteamericano Cyrus Vance, así como el ministro español de Exteriores, Javier
Solana, se manifestaron en contra del levantamiento del embargo al considerar
que esta medida podría provocar una escalada del conflicto y extenderlo mas
allá de sus actuales límites.
"Las promesas rotas son en su mayoría promesas rotas
por la parte serbia. Los serbios siguen asediando a las ciudades, las armas
pesadas serbias continúan bombardeando a la población civil, las fuerzas aéreas
serbias son la que continúan volando pese a los acuerdos de Londres y son los
serbios quienes impiden el suministro de la ayuda humanitaria y continúan la
odiosa práctica de la limpieza étnica", manifestó Eagleburger. "Está
claro", continuó, "que ha llegado la hora de plantearse métodos más
agresivos".
En la conferencia se perfilaron claramente dos grupos de
participantes, aquellos que desean ganar tiempo manteniendo la política actual,
aunque con un refuerzo de las sanciones y mayores advertencias a Serbia y a las
fuerzas serbias en Bosnia y aquellos que, a estas alturas del conflicto, creen
inútiles estas operaciones de persuasión política para con Belgrado.
Los ministros de Exteriores de la Alianza Atlántica se
reunirán hoy en Bruselas para estudiar una eventual participación de la OTAN en
nuevas operaciones en la antigua de Yugoslavia. Mientras los jefes militares de
las fuerzas de protección de la ONU, Unprofor, a su cabeza el general Phillippe
Morillon, lord Owen y Cyrus Vance, hablaban de considerables éxitos de su
estrategia y Vance llegaba a decir que "el nivel de violencia global, ha
disminuido", Eagleburger, su colega turco, Hikmet Cetin, el albanés Alfred
Serreqi y la presidenta del Alto Comisionado de Refugiados (ACNUR) hablaban de
un grave deterioro de la situación y un fracaso de los esfuerzos internacionales.
Serreqi manifestó a EL PAÍS que veía "muy difícil" que las medidas
anunciadas pudieran ya evitar la guerra en Kosovo que, "inevitablemente
nos arrastrará".
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