Por HERMANN TERTSCH
El País, Ginebra,
17.12.92
El ministro español de Exteriores, Javier Solana, declaró
ayer que España no es contraria a la aplicación de medidas para que sea
respetada la prohibición de vuelos sobre Bosnia-Herzegovina, pero que exige no
sólo información al respecto sino también un claro estudio sobre las
consecuencias que tales medidas pueden tener sobre la seguridad de las tropas
españolas. Dadas las continuas violaciones de esta resolución de la ONU por
parte de las fuerzas aéreas serbias, la imposición del respeto a la misma
equivale a la autorización a fuerzas internacionales para derribar los aparatos
serbios que sean localizados en vuelo. Un incidente de este tipo podría
provocar represalias serbias contra las tropas españolas, francesas, británicas
y canadienses desplegadas sobre el territorio de Bosnia-Herzegovina.
"Debemos encontrar un consenso para evitar estas dos consecuencias
negativas, que representan un aumento de riesgos para las tropas y para la
distribución de la ayuda", manifestó.
Solana se mostró partidario de "aumentar la presión
moral", "imponer un aislamiento total" y lanzar así "una
señal clara a los más responsables que son sin duda alguna los serbios".
Además, "hay que incrementar la presión del embargo que debe ser absoluto,
total" y debe ser vigilado en el Danubio, y en los países vecinos [de
Serbia y Montenegro] como lo está siendo en el mar Adriático".
El comisario español de la Comunidad Europea, Abel Matutes,
declaró ayer a EL PAÍS que al menos 50 camiones violan diariamente el embargo a
Serbia desde el puerto griego de Salónica.
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