Por HERMANN TERTSCH
El País Miércoles,
10.06.92
GUERRA EN LOS BALCANES
La república de Macedonia ha cumplido todos los requisitos
de la Comunidad Europea (CE) para su reconocimiento internacional. Sin embargo,
hoy es la única república ex yugoslava aún sin reconocer. Su presidente, Kiro
Gligorov, recibió a EL PAÍS en la capital, Skopje. La insistencia de Grecia en
vetar el nombre de Macedonia sitúa a su república en un limbo político que
debilita su economía e incrementa la amenaza de que Serbia invada Macedonia
para romper, por Grecia, el embargo internacional.
La falta de reconocimiento internacional de Macedonia por el
veto griego abre las puertas a una invasión de Serbia en Macedonia, y así, a
una extensión de la guerra a toda la región balcánica, según declara el
presidente de la república de Macedonia, Kiro Gligorov. "De día en día,
según crecen los efectos de las sanciones y se agrava la situación en Serbia,
es más posible que, bajo el pretexto de que entra en un territorio no
reconocido, Belgrado intervenga militarmente en Macedonia. Entonces la guerra
yugoslava se convertirá en guerra balcánica, porque ningún vecino se quedará
quieto". Gligorov considera que la paz no es posible sin cambios en la
cúpula serbia y que "prueba de la falta de realismo de Atenas" es la
reciente declaración del primer ministro griego, Konstantino Mitsotakis, a este
diario, según la cual Milosevic está más fuerte que nunca y es líder
indiscutido en Serbia. "No creo que sobreviva al verano. Lo que tenga que
pasar aquí, pasará en los próximos dos meses", declara.
"El reconocimiento internacional de Bosnia-Herzegovina
se produjo demasiado tarde para evitar la guerra y ahora nosotros estamos en la
misma posición. El retraso puede tener consecuencias trágicas", añade el
presidente de Macedonia.
Responsabilidad de la CE
Gligorov advierte por ello sobre la grave responsabilidad
que asume la CE ante su próximo Consejo de Ministros, que tratará otra vez el
día 15 de junio sobre el reconocimiento de Macedonia. Éste no se ha producido
hasta ahora por el veto de Grecia, que alude a que el nombre del nuevo Estado
independiente esconde pretensiones territoriales sobre regiones del Estado
griego. "El problema del nombre es un pretexto", dice Gligorov.
"También lo de las pretensiones territoriales y el que queremos
usurparles la historia griega, e incluso a Alejandro Magno. Nosotros somos un
pueblo eslavo que llegó aquí en el siglo VI, luego no pretendemos usurparles a
Alejandro Magno. Nosotros tenemos nuestra propia historia. Decir, como dice
Atenas, que Macedonia es una invención de Stalin es ridículo. En los periódicos
del siglo pasado proliferan tanto las noticias sobre la lucha de los macedonios
contra los turcos como ahora las informaciones sobre Bosnia".
"Resulta que vivimos desde hace siglos en una región
que se llama Macedonia, y a lo largo de nuestra historia nos hemos identificado
como macedonios. Como eslavos, nos comenzamos a llamar macedonios para dejar
claro que no somos serbios ni búlgaros. ¿Qué quieren, que borremos de nuestros
libros de texto y de nuestra literatura la palabra Macedonia? Esto no es
posible". Gligorov se muestra dolido por la negativa del resto de la
comunidad internacional a ignorar el veto de Grecia que, según asegura, sólo
se debe a la falta de voluntad de Atenas para reconocer sus minorías de acuerdo
con los principios de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa.
"Mientras muchos Estados de esta región asumen ahora
los valores europeos occidentales, como el respeto a las minorías, Grecia se
aferra a las tradiciones balcánicas. Bulgaria ha reconocido ya a la minoría
turca cuya existencia negó durante años. Aún no reconoce la existencia de la
macedonia, pero su postura se suaviza y hay avances. Con Albania han mejorado
mucho las relaciones, y la minoría macedonia allí está reconocida. Los Estados
en los Balcanes son todos mixtos, y mientras no encontremos soluciones que
pasan por el respeto a estas minorías, no habrá verdadera estabilidad".
"Grecia, sin embargo, no quiere reconocer a la minoría
macedonia. Dice que todo aquel que vive en Grecia es griego. Pero ése no es
nuestro problema, sino el suyo, de la Comunidad Europea y de los acuerdos
internacionales que Grecia se comprometió a cumplir en esta materia. Nosotros
no tenemos reclamaciones territoriales ni pretendemos injerencias en sus
asuntos internos".
Alianza enemiga
El presidente Gligorov comparte la convicción de gran parte
de sus conciudadanos de que los Gobiernos de Belgrado y Atenas han establecido
una alianza para hundir conjuntamente la economía macedonia y preparar una
intervención serbia en esta república, con lo que Serbia y Grecia volverían a
tener una frontera común. "La idea de la Gran Serbia de Milosevic, apoyada
por Grecia, ha fracasado. No tuvimos conflicto con el Ejército federal
yugoslavo y éste se retiró de Macedonia. Ahora apuestan por ahogarnos
económicamente y provocar un conflicto social. Quieren poner a Macedonia de
rodillas para que no sobrevivamos".
"Sólo así puede explicarse el bloqueo a que nos han
sometido Serbia y Grecia desde el norte y el sur", dice en referencia al
cierre de fronteras para el comercio macedonio impuesto por Grecia y Serbia.
"Nosotros queremos buenas relaciones con todos, y así se lo he hecho saber
a Mitsotakis [primer ministro griego] en varias cartas. No he tenido
respuesta".
La respuesta de Mitsotakis puede ser el ataque contra
Gligorov en una entrevista publicada en EL PAÍS el pasado viernes, en la que
afirma que este ex comunista y agitador del Movimiento Antifascista fue miembro
de las Juventudes Hitlerianas. Gligorov recibe la noticia con hilaridad.
"Parece mentira que un político responsable pueda decir algo cuya falsedad
es tan fácilmente comprobable. Primero, mi biografía está muy clara. Segundo,
aquí donde yo estaba no había Juventudes Hitlerianas, ya que no estábamos
ocupados por los alemanes, sino por los búlgaros".
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