Por HERMANN TERTSCH
El País, Madrid,
30.10.92
La confusión política y la lucha abierta entre el presidente
de Bulgaria, Yelio Yelev, y el primer ministro, Filip Dimitrov, tras la caída
del primer Gobierno no comunista en el país en cuarenta años, hace difícil la
formación de un nuevo Gabinete, y puede desencadenar la convocatoria de
elecciones anticipadas. El Parlamento de Bulgaria, con los votos del Partido
Socialista (ex comunista), del partido de la minoría turca (MDL) y de algún
diputado de la coalición gubernamental, derribó el miércoles, por 120 votos
contra 111, al Gobierno de la Unión de Fuerzas Democráticas (UFD), presidido
por Dimitrov, de 37 años, en el estallido repentino de una crisis de Estado
latente en Sofía desde hace meses.
Bulgaria ha sido en los últimos dos años un discreto e
ignorado pero consistente ejemplo de racionalidad política y civismo en una
región tan escasa de estos valores como son hoy los Balcanes. Quienes, como
Lawrence Eagleburger, secretario de Estado norteamericano y experto en los
Balcanes, felicitaban a Bulgaria por "la transición modélica"
podrían, sin embargo, haberse precipitado. El consenso de las fuerzas democráticas
parece roto.
La guerra en Bosnia-Herzegovina, la inestabilidad regional
resultante del veto de Grecia al reconocimiento de Macedonia, la crisis
económica y social e indicios de resurgimiento del nacionalismo antiturco han
crispado el panorama político hasta el estallido de la crisis por la hostilidad
entre el jefe del Estado, Yelio Yelev, y el primer ministro, Filip Dimitrov.
La crisis, precedida por ataques de Yelev al Gobierno y en
especial a Dimitrov, se debe a los dos conceptos antagónicos de la reforma
económica que tienen, que ya acabaron con otras coaliciones anticomunistas en
Centroeuropa. Dimitrov defiende un tratamiento de choque, el cierre
inmediato de las empresas sin salvación. Yelev cree que los cambios no pueden
realizarse sin comprometer en ellos a una amplia base social.
Pero la lucha abierta entre Yelev y Dimitrov estalló a causa
de las relaciones con Macedonia, la república ex yugoslava reconocida por
Bulgaria, si bien no por la Comunidad Europea, debido al veto impuesto por
Grecia. Los servicios secretos, dependientes de la presidencia, acusaron a un
asesor de Dimitrov, Konstantín Mishev, de gestionar la venta de armas a
Macedonia, país amenazado por la posibilidad de que la guerra estalle en la
provincia serbia de Kosovo y se extienda a su territorio.
Yelev utilizó el caso para lanzar una campaña contra
Dimitrov, acusándole de "dañar la imagen internacional de Bulgaria" y
"conspirar para violar el embargo de armas" impuesto a las repúblicas
ex yugoslavas. El partido de la minoría turca (Movimiento por los Derechos y
Libertades), acosado por la emigración de sus electores hacia Turquía por el
desempleo surgido con las reformas, ha hundido al Gobierno. Si la UDP no logra
una mayoría para un nuevo Gobierno, habrán de buscarla los ex comunistas (PSB).
La UDF acusa a Yelev de albergar "tentaciones
totalitarias" y de "ignorar que debe su cargo a la UDF". Yelev
parece, además, aquejado por un complejo monárquico que causa la
existencia de un rey en el exilio, Simeón, que, como ningún otro ex monarca
del Este, se ha erigido en seria alternativa.
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